Qbstt

Posts Tagged ‘Cuentos y relatos’

Donde abundó el pecado

In Cuentos y relatos, En la Iglesia, Listado de entradas, Razones para la fe on septiembre 1, 2011 at 07:41

… puedo ser un alcohólico, un drogadicto, vivir sólo de noche estando tirado durante el día en una negrura más negra que esas noches, podré vivir en la peor de las soledades, podré estar tirado al borde del camino a ninguna parte, pero sé algo a lo que me puedo aferrar, una via de llanto y salvación, algo para algunos tan ridículo y despreciable como yo mismo. Es saber que soy oveja. Sí, oveja. No tanto por oveja como por saber que tengo Pastor. El mejor Pastor de todos.

Incluso podré llegar a despreciarme tanto que me repugne, que me dé asco. Asco de mí mismo. Entonces pienso en Él, en su via hacia la Cruz y en las palabras del profeta: ¿ante Quien se vuelve el rostro? Ese rostro desfigurado, horrible, machacado del único que nos Amó. ¿Quién mejor puede comprender aquella Lee el resto de esta entrada »

Anuncios

Leyendo el nombre del Señor

In Cuentos y relatos, En la Iglesia, Listado de entradas on agosto 28, 2011 at 10:20

Era Semana Santa. Iba a cruzar la calle cuando aparece un paso de la procesión. Como estaban de retirada e iban rápido esperé para cruzar. A mi lado estaban esperando también una madre de la mano de un niño. El paso estaba cruzando junto con unos cofrades que llevaban varios pendones de la cofradía.

El niño debía estar aprendiendo a leer:

– Mira mamá!! Allí pone: Nu-es-tro-Se-ñor-Je-sús-cris-to

– Muy bien hijo, pone Jesucristo

– Je-sús-cris-to. Jesús-cris-to. Jesúscristo. Jesús cristo. ¿¿Jesús cristo?? ¿¡¡¡Mamá, yo no sabía que el apellido de Jesús era “Cristo”!!!!!?

¿qué le pides a la Vida?

In Cuentos y relatos, Listado de entradas, Razones para la fe on agosto 23, 2011 at 01:00

– ¿Y tú qué le pides a la Vida?

– Yo… pues… salud, dinero y amor

– Jo, pues si que te conformas con poco…

Tarde piaste

In Cuentos y relatos, Listado de entradas on agosto 22, 2011 at 01:00

Una historieta que me contaron a propósito de los consejos. A mí se me antoja que también se podría aplicar también a otras cosas, no sé… Es un poco subrealista.

Un pequeño pajarito se encontraba resguardado en su nido durante el crudo invierno. Crudo invierno. El paisaje estaba cubierto bajo un manto de blanca nieve. Blanca nieve. Y soplaba un viento más que frío, gélido. En una ráfaga de viento el nido se rompió y el pajarito se precipitó a la fría nieve.

El pajarito tiritando empezó a pedir auxilio con sus píos. Una vaca que estaba por allí cerca acudió curiosa al oír aquel escándalo. El pajarito le pidió ayuda, se estaba congelando. La vaca no sabía muy bien qué hacer. Le dio pena decir al pajarito que echase a volar para que entrase en calor. ¿Qué podía hacer ella? El pajarito, desconsolado seguía piando y piando reclamando una ayuda. Así que la vaca se le ocurrió una idea, se dio la vuelta y plaf, hizo lo suyo encima del pajarito. El pajarito estaba encantado, sí, estaba rebozado de mierda, pero estaba calentito!!! Después de todo era lo importante. Así que sacó el piquito fuera y empezó a piar contento.

El pajarito se conformaba. Sí, estaba Lee el resto de esta entrada »

Y cantarán: ¡felicidad!

In Cuentos y relatos, Cultura de la Vida, En la Iglesia, Listado de entradas on agosto 10, 2011 at 01:00

Marta se apresuró. Llegaba tarde. Dobló la esquina y allí vió a María, esperándola. Ella siempre llegaba tarde y a María la tocaba esperar, a pesar de eso siempre la recibía con una sonrisa. Qué paciencia tenía… Por fin se encontraron y se saludaron. Sin más preámbulos empezaron a andar en dirección a la facul. Las dos estaban en la misma clase de segundo de filosofía.

La profesora entró cuando ya estaban sentadas. Entró con paso firme y segura de sí misma. Dejó el portátil encima de la mesa y sonrió. A Marta se le antojó que era una sonrisa un tanto burlesca y se puso tensa. La pareció un cierto contrasentido que fuese ella, la alumna, la que tuviese manía a la profesora, pero siendo sincera con ella misma era la verdad. No la aguantaba, o mejor dicho, la aguantaba por ser la profesora, pero a duras penas. La parecía que se aprovechaba de su puesto de profesora para intentar adoctrinarles en su ideología. Y no lo podía soportar. Era superior a sus fuerzas. Aún recordaba la defensa que hizo del aborto, en plena clase ¡y sin Lee el resto de esta entrada »

Los tres coladores

In Cuentos y relatos, Listado de entradas on agosto 8, 2011 at 08:33

En cierta ocasión, un hombre se acercó a Sócrates y le dijo:

-Tengo que contarte algo muy serio de un amigo tuyo.

Sócrates le miró profundamente con sus ojos de sabio y le preguntó:

-¿Ya pasaste lo que me quieres contar por la prueba de los tres coladores?

-¿Qué prueba es esa?-le dijo desconcertado el hombre.

-Si no lo sabes,escúchame bien. El primero de los tres es el colador de la verdad. ¿Estás completamente seguro de que es cierto lo que me quieres contar?

-En realidad, seguro, seguro, no. Creo que es cierto porquelo escuché de un hombre muy serio, que no acostumbra decir mentiras.

-Si eso es así, con toda seguridad que no lo pasaste por el segundo colador. Se trata del colador de la bondad.

El hombre se sonrojó y respondió con timidez: Lee el resto de esta entrada »

El santo viaje

In Cuentos y relatos, Listado de entradas on julio 12, 2011 at 09:07

Sin mover un sólo músculo del resto del cuerpo abrió los ojos. En seguida se acordó dolorosamente de la fiesta de ayer. Se sentió avergonzada, ¿qué argumentos tengo? ¿cómo puedo estar segura? Ellos no creían y ella… sí, ¿no? Pero le pidieron pruebas objetivas y palpables. Ciencia y nada más. ¿qué podía saber ella? Se puso a la defensiva y no supo contestar, intentó escabuirse de aquella conversación como pudo pero sus burlas la herían. Se sentía sola.

Allí tumbada sin hacer otra cosa se puso a pensar. ¿No sería todo un prejuicio? ¿Qué cosas doy por supuestas sin tener pruebas, sin tener una certeza? Y tomó la determinación de sacarlas de allí, se levantó, buscó una pala, salió y empezó a cavar. ¿Cómo puedo saber que Dios existe? ¿acaso tengo una prueba, una sóla? ¿dónde está? Si ama a sus criaturas ¿por qué existe el sufrimiento? No tiene sentido, no tiene sentido. ¿Por qué sé lo que sé? ¿Cómo sé que Cristo resucitó realmente? Nadie me lo ha demostrado. De pequeña me lo dijeron y yo me lo creí. Pero, ¿qué hay detrás de todo eso? Ufff, la excavación será dolorosa.

Así sigió cavando atormentada por sus propias preguntas, por sus dudas. Quizás dolorosas, pero había algo que la hacía sentir obligada a cavar ¿qué era aquello? No lo sabía. Por un instante se sintió desfallecer. Había cavado y allí no había nada. Aquello era un pozo reseco. No había nada. ¿qué sentido tiene mi vida? Vengo de la nada y a la nada voy. Soy como un pájaro en una noche oscura de tormenta, a merced de los vientos, el frío y la lluvia. El viento ha abierto la ventana de un palacio y me ha empujado dentro. Dentro había una luz tenue, estaba la chimenea encendida y hacía calor. Revolotée dentro de la estancia asustada y emocionada. Me sentí un rato confortada hasta que inexorablemente el viento me volvió a empujar hacia el frío y la lluvia. ¿Es esto mi vida?

La gente pasaba al lado de la excavación. La mayoría no se fijaba en ella, ni siquiera la miraban. Sólo algunos la miraban y su rostro reflejaba temor, pero nunca dijeron nada. Más tarde entendió que este pozo que yo había excabado tenía la fúnebre forma de una fosa. Y ella yacía allí dentro. ¿por qué no la dijeron nada?

Pero esa fuerza dentro de ella volvió a brotar y quiso seguir excavando. Palada tras palada se planteaba. Unos no son mejores que otros. ¿Qué es lo importante en la vida? ¿Por qué todos nos consideramos iguales? ¿Por qué hay cosas que me parecen buenas y otras horribles? ¿acaso no soy libre? ¿quién dicta qué es lo bueno y qué lo malo? ¿quien debe dictar las normas que mi conciencia debe seguir? Palada tras palada aquel horrible hueco comenzó a ser más profundo. Era una pequeña sima de la que no sabía, no podía y no quería salir. Pero comenzó a fijarse en aquella tierra, no era como la del principio. Ya no estaba dispuesta a renunciar fácilmente a aquella, a lanzarla fuera del pozo. La cogió y la apretó entre sus manos y sintió que estaba húmeda. ¿Cómo es posible? ¿¡Intuición!? ¿acaso es fuente de conocimiento? Alguien la gritó desde el borde del pozo: ¡Ánimo, ánimo! ¡Es posible encontrar agua! Y es el agua el que da la Vida, el que transformará tu tumba en un manantial. Y lo que antes me parecía un sinsentido en aquel punto se transformó en posibilidad, ¿será posible? Tiró la pala y se arrodilló. Con sus manos desnudas hizo un pequeño hueco en el fondo de aquella tierra húmeda y el agua brotó a borbotones…

Se empapó de aquel agua y lloró. Sus lágrimas eran de pura felicidad y se mezclaban con aquel agua. ¡Esto sí era vivir! Aunque por un momento sintió temor ¿y si hubiese renunciado en la mitad del camino? ¿y si se hubiese quedado sin fuerzas una vez había excavado aquel pozo reseco? ¡se habría quedado allí muerta y tras haber excavado su propia fosa! De pronto comprendió: aquel impulso que sintió de seguir y seguir hasta el final. Aquello no había venido de ella, ella sólo habiá dicho: sí.

De pronto se sobresaltó, su cuerpo se contrajo involuntariamente y abrió los ojos. Estaba todavía en la cama. Todo había sido un sueño, pero sabía que era cierto. ¡Qué dulce! Él la amaba.

.

¡Qué amables son tus moradas!

Que amables son tus moradas señor
Señor de los ejercitos
mi alma ansia y anhela los atrios del Señor.

Hasta el pájaro encuentra una casa,
la golondrina su nido,
junto a tus altares, Señor,
Rey mio y Dios mio

DICHOSOS LOS QUE VIVEN EN TU CASA
SIEMPRE CANTAN TUS AMORES
SIEMPRE CANTAN TUS AMORES.

DICHOSO EL QUE ENCUENTRA EN TI LA FUERZA
Y EN SU CORAZON DECIDE
EL SANTO VIAJE.

Pasando por el valle del llanto,
Él lo cambia EN BENDICION
CRECE EN EL CAMINO SU VIGOR
HASTA LLEGAR A SION
HASTA LLEGAR A SION.

Mejor es un dia en tus atrios
que mil fuera de ellos
QUE MIL FUERA DE ELLOS
porque estar en el umbral de tu casa
es siempre mejor
QUE HABITAR EN LOS PALACIOS.

Tiempos heroicos. Cada cual se retrata

In Cuentos y relatos, Listado de entradas, Persecución on junio 17, 2011 at 12:39

He leído por ahí que  algunos colectivos de ateos y librepensadores que piensan dar la bienvenida al Papa vestidos de “trolls, elfos y obispos”…

Y francamente me ha hecho gracia, me ha recordado a “El Señor de los Anillos”. Y es como una representación de lo que sucede en la que cada cual se retrata:

Permitid que me lo tome con sentido del humor:

El Señor de los Ateillos

El comienzo de la Tercera Edad del Sol era un tiempo oscuro, tumultuoso. La noche se cierne y se vuelve más negra, más espesa, más oscura y las brumas se retuercen de puro odio contra cualquier atisbo de claridad. Sin embargo cuanto más oscura es la noche más brilla, más destaca la débil llama. Sin duda eran tiempos de interregno, de luchas, eran tiempos heroicos, tiempos donde la valentía se premiará silenciosamente con la esperanza del nuevo Reino que está por llegar. Las tinieblas son muchas, la débil llama sólo una. Las tinieblas lo invaden todo, la llama es pequeña. Las tinieblas estallan con violencia, la llama responde proyectando suavemente su luz. La llama se inflamará y prenderán miles de pequeñas llamas alentadas por la suave brisa…

En la Tierra Media conviven pacíficamente las comunidades de los hobbits, elfos y obispos. Varios carismas para seres que habitan bajo un mismo Cielo. Sin embargo los tranquilos días de la Tierra Media se han visto amenazados por la Tierra de Mordor, donde se extienden las Sombras. El Señor oscuro Sauron pretende invadir las Tierras Medias sembrándolas de separación y desesperanza. Para atar a todo individuo a las tinieblas.

Para conseguir su objetivo Sauron ha empleado la eugenesia para conseguir una nueva raza de ateorcos laicistas tenebrososos. Este ejército se cierne sobre las escuelas, hospitales, capillas y Jornadas Mundiales de la Juventud a lo largo de toda la Tierra Media.

Batalla tras batalla el Señor tenebroso ha logrado dar muerte a miles de inocentes antes de su nacimiento y ha logrado imponer a todo bicho viviente en la Tierra Media la Educación para la Ciudadanía Oscura. Frente a esto los valientes y pacíficos habitantes de la Tierra Media se ven obligados a la objeción de conciencia para evitar tales males.

En otras ocasiones los ateorcos laicistas invadieron violentamente varias capillas intentando incendiar algunas. Tras estas tropelías los hobbits, elfos y obispos celebraron sendas ceremonias de desagravio logrando vencer en singular batalla reuniéndose entorno al altar y mostrando a su Señor, la Luz que vence la oscuridad, quien trae la paz y la valentía al corazón de cada habitante de las Tierras Medias.

El Señor oscuro Sauron y sus huestes de ateorcos laicistas atacarán la Jornada Mundial de la Juventud. Y la tiniebla se burlará de la débil llama… pero, ¿qué le importa a la débil llama? Lo único que importa es proyectar su luz y quizás en la tiniebla también se prenda otra débil llama. Porque la débil llama vence a un ejército entero de oscuridades furiosas.

Porque el amor vence al miedo…

El salto de la fe

In Cuentos y relatos, Listado de entradas on mayo 3, 2011 at 22:13

Golpeó el clavo hasta dejarlo bien firme en la grieta. Luego se llevó la mano a la cintura y agarró el piolet. Lanzó con fuerza el piolet contra la roca por encima de su cabeza. Cuando le pareció que estaba bien sujeto cambió el peso desde su pierna hacia el brazo que sujetaba el piolet clavado en la roca con la intención de seguir ascendiendo ayudándose con la pierna del lado contrario. En ese momento una mínima fisura en la roca no soportó la presión que ejercía el piolet sobre el saliente y la roca se fracturó, el piolet rasgó la roca desprendiéndose de ella. Él perdió el equilibrio y se precipitó al vacío. El arnés lo sujetaba a los clavos que había ido sujetando a lo largo de toda la ascensión por medio de una cuerda. Dada la presión de la cuerda sobre los clavos al caer hizo que los primeros clavos se desprendiesen rápidamente a medida que caía. El terror se apoderó de él en cuanto se desprendió el piolet. El tiempo parecía que se ralentizaba. Recordaba exactamente el horror con el que vio como el piolet se desprendía. A medida que caía empezó a recordar las cosas buenas y malas que había hecho en su vida. Le parecía increíble lo despacio que transcurría el tiempo en la caída. Sin duda el miedo había hecho que su cuerpo generase una gran cantidad de adrenalina y eso le hacía pensar con gran rapidez…

En un punto a mitad de la caída hubo un clavo que no se desprendió de la pared de roca soportando a duras penas. El golpe de la caída que tuvo que soportar el clavo hizo que éste se doblara estando cerca de desprenderse éste también.

En seguida se percató de lo que pasaba y miró hacia el clavo doblado que lo sostenía en el aire, en el abismo. Y rogó a Dios con tanta fuerza que Dios le respondió de forma tan clara que le podía oir sin dificultad:

– ¿Qué quieres que haga por tí?

– Señor, ¡sálvame! ¿no ves que me voy a caer? Si me caigo moriré…

– ¿Tú crees en mí?

– Si… tu lo puedes todo, puedes salvarme…

– Bien, saca la navaja, corta la cuerda y te salvarás

A la mañana siguiente un equipo de rescate encontró al alpinista muerto. Había muerto por congelación y todavía estaba colgado de la cuerda convertido en una macabra estatua de hielo. Sus manos seguían aferrándose a la cuerda y su rostro reflejaba la desesperación de su última agonía. ¡Se encontraba colgado a tan sólo un metro del suelo!

Fe exultante

In Cuentos y relatos, Listado de entradas on abril 15, 2011 at 10:02

El pueblo de Israel salió a toda prisa huyendo de Egipto. Caminaban en la noche por un yermo árido y reseco acompañados por una luz tenue y mortecina de una luna menguada. Les envolvía una brisa fría, quizás desagradable. Hasta que llegaron al mar, probablemente mirarían sus aguas con desconfianza. En la noche, el agua del mar se ve negra y tumultuosa y se escucha con más intensidad el fragor de su batalla contra la orilla. En la oscuridad no hay referencias salvo el suelo que pisan tus pies, intentar aventurarse en las aguas era una opción escalofriante, ni siquiera el suelo tendrían como referencia. Estarían a merced de aquellas aguas negras, frías. Aquellas eran aguas de muerte. Y detrás… detrás venía el faraón. La masacre.

Estando allí en la orilla, entre la muerte y la masacre, pensarían que estaban perdidos, sufrirían pensando que iban a morir. Pero ese no es el sufrimiento mayor, es que allí estaba su mujer, acaso embarazada, acaso recien parida con su bebé en brazos. Estaban tus hijos, pequeños. Estaban tus padres, ancianos y débiles. No es el sufrimiento de saber que serás asesinado, casi sería lo de menos en comparación con saber que ellos también morirán.

Y no sólo eso, ellos no caminaban “sólos”, no eran individualistas, si por algún capricho del destino lograban salvar su vida y volver a Egipto sólos, ¿qué sería de ellos fuera de su pueblo? O estaban en su pueblo o no existían. Y aquel pueblo, su pueblo, iba a ser aplastado.

¿se habrían equivocado? ¿acaso habrían malinterpretado la voluntad de Dios?

Me puedo imaginar el fervor de sus oraciones en ese momento. Más que oraciones serían gritos desesperados pidiendo ayuda al Señor, clamando y llorando por su misericordia. Reclamando que Él salvase a su pueblo porque ese pueblo sólo le pertenecía al Él: “Señor, mi matrimonio es más tuyo que mío. Señor, mi familia es más tuya que mía. Este pueblo es tuyo no nuestro, ¡AYÚDANOS!”

Y me imagino, a esas alturas del drama de la muerte, su reacción al ver lo imposible, lo que a nadie le cabe en la razón, ¡ver abrirse las aguas, las aguas de la muerte, para que ellos pasaran! Y como sangre en las venas no le faltaba a aquel pueblo, me puedo imaginar el inmenso grito de alegría que lanzaron. Aquel grito exultante. No fue un tímido “aleluya”. No, fue más bien como oir un grito atronador que difícilmente te puedes creer que haya salido de boca humana. Y, vive Dios, que la gratitud de aquella gente a Dios en ese momento tuvo que verse físicamente ascender por el aire como el incienso. Y vete tú ha hablarles de racionalismos y de teorías a ver que te contestan.

Definitivamente la fe de aquella gente no era una fe que te mantiene calentito el corazón tranquilito en el sofá de tu casa viendo un poquito la tele antes de irte a dormir sabiendo que cuando seas viejo tendrás la pensión asegurada…