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Mugrienta pandilla

In Listado de entradas on mayo 15, 2013 at 11:47

Cuando uno ofende a otro pues para arreglarlo puede empezar pidiendo disculpas. Quiero decir, si yo ofendo a alguien y tengo la gracia de arrepentirme puedo empezar o continuar arreglándolo pidiendo disculpas al que he ofendido. El problema es cuando lo que ofende al otro no es lo que uno le haya hecho a él sino lo que uno ha elegido para sí mismo. Sip, el primer sorprendido he sido yo pero es cierto, si uno dice: con todos los defectos y torpezas del mundo voy a tratar de seguir a Cristo lo mejor que sepa. Pues bien, eso, que es algo que eliges para tí, hay gente a la que le ofende.

lost-posterPodría entender que si te entrometes en la vida de alguien, este alguien se pueda ofender. Puedo entender que si le das mucho la brasa a alguien, este alguien se pueda ofender. Pero, ¿algo que has elegido para tí? No le veo el sentido. A no ser que ese alguien piense que eres de su propiedad o algo así.

Esto en principio me daría igual, si alguien se siente ofendido por esto ya se puede ir yendo a la farmacia a por un frasquito de queledén. El problema es cuando no puedes ni debes hacer eso. Ah, es entonces cuando cometes el error de tratar de explicar lo que escandaliza al otro para llevarnos todos bien. Y se lía más, porque en un mundo en donde “Jesús es un buen tipo” o “creo en Jesús pero no en los curas” o “la Iglesia es una oenegé que reparte subvenciones”, si tratas de justificar tu vida diciendo que tal o cual cosa no es algo que hagas porque te lo has inventado tú, sino que es lo que enseña la Iglesia, la cagaste. Y creo que cuanta más lógica y más coherencia le pongas a asunto peor, porque en el mundo, por mucho que digan, todo es sentimentalismo. Y si hay algo que horroriza al sentimentalismo es la coherencia; y llamarán a la coherencia fanatismo. Y si añades que “es una dicotomía absurda querer vivir con Jesús sin la Iglesia” empezarán a afilar las navajas… aunque lo diga el papa.

Siempre quedará la opción de que te abofeteen en la cara con un “es que te crees mejor que los demás”. Una vez abofeteado así ya es más fácil comprender que no sólo da igual lo que digas, sino que, cuanto más hablas, más alimentas a la bestia. Así que, por fin, llega la hora de la Gracia y te callas y cierras esa inútil bocaza -bendito silencio- y escuchas los insultos y piensas en la Hora del Señor, la perfecta Injusticia, y entiendes que siempre algo de todo lo que dicen en tu caso es cierto y, sin decir nada, se lo agradeces: ¡pero si por mis pecados merezco muchísimo más! Y yo, por qué poquito pierdo la paz!! Qué loco de Amor tenías que estar, para pagar Tú por mí…

Cristo ha resucitado! Sip, creo en un tipo, que no sólo era buen tipo sino Dios y a la vez hombre, al que traicionamos. Y después matamos. Y sepultamos. Y después de muerto salió del cementerio tan fresco. Y que nos dejó la Iglesia que es Su Iglesia para mostrármelo. Y que abrió las puertas del Cielo para los que le siguen: esa ridícula banda de cojos, lisiados, leprosos y algún que otro ladrón arrepentido.

Gracias por el digno y sufragado ofrecimiento del mundo, pero… Sip, yo quiero pertenecer a esa mugrienta pandilla de cuatro frikis.

Bah, no necesito defenderme, ni matizar, ni justificar, ni “entrar en los esquemas” de nadie, ni todas esas leches en vinagre que te intentan uniformar según el pensamiento único de esta sociedad que tenemos y que se desmorona sin saberlo mientras duerme aborregada sobre su panza tras la gran comilona. Lo necesario es vivir amando, buscando cada día la conversión, y rezar por aquellos que tienen el buen gusto de no caerles yo bien… y dejar que el Defensor haga Su santo trabajo… Y reirme mucho de mí mismo y del careto de pepinillos en vinagre que se me pone a veces.

podría ser un mártir

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  1. Javier Gomá ha escrito que el buen ejemplo crea mala conciencia. Dice usted que quiere la factura con IVA y pensamos: “¿qué se habra creído? ¿será chulo? ¡se cree mejor que los demás!” Va usted a misa los domingos y lo mismo.
    También ha escrito que el mal ejemplo crea buena conciencia. Sale usted en la tele acusado de estafa o de algo asina y todos sonreímos: “¡je, je! ¡ese que iba de chulito no era tan bueno! ¡mucho IVA y mucha misa y ahí lo tienes!”
    En realidad la idea está en la Biblia. El justo ha tomado la decisión de ser justo. No desea molestar a nadie pero su vida nos incomoda horrores porque es un buen ejemplo. Solamente podemos hacer dos cosas con el justo: imitarlo o liquidarlo.

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