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Miradas de perplejidad

In Listado de entradas on octubre 3, 2012 at 11:59

Algunos me han preguntado y otros me han reñido, ¿no doy pena? No, la verdad es que no. Lo confieso, hace mucho que no escribo en el blog pero la culpa no es mía, bueno sí, pero es que he estado comprobando que el hedonismo moderno es mentira. Placer y felicidad no tienen por qué ir necesariamente unidos. Sí, el nacimiento de mi segundo hijo es la constatación fehaciente de lo que digo, uno puede tener que levantarse a las cuatro de la mañana dormido a intentar calmar a las bestias pardas y cambiar pañales y no querer cambiar su situación por nada del mundo. De madrugada también he descubierto otra gran verdad de la vida, que si uno no abre los ojos no es capaz de asignar el pañal de tamaño adecuado al trasero del individuo en cuestión. Bueno, realmente poner un pañal enorme a un niño muy pequeño puede ser más o menos fácil… pero, amigo, tratar de poner un pañal de recién nacido a una de dieciséis meses… eso ya no es tan sencillo, claro, con razón la niña me miraba con perplejidad.

Es curioso que por este niño se ha rezado más antes de nacer de lo que me podría haber imaginado y esta que otra de las cosas que he descubierto, que se puede ver supuestamente muy claramente un problema en unas ecografías y supuestamente muy claramente lo contrario en las siguientes. En fin, gloria a Dios, que todo salió bien. La fe muchas veces un tanto sensiblera y moñas se convierte en intensa y dura y las palabras “hágase Tu voluntad” pueden necesitar para la lucha de una confianza más recia. En fin, supongo que por algo al Señor le llaman Adonai Sebaot, es decir, Señor de los Ejércitos.

Lo que no me sorprende ya nada es la matraca que me dan algunos con lo de los hijos, tanto hablar de libertad para hacer lo que les de la gana como argumento principal y luego tratan de revolver la vida ajena. Por lo visto existe la libertad para abortar o para no tener hijos pero no plantean la misma libertad para que los demás los tengan. Vaya un comecocos. En fin, a estas alturas del partido estos monólogos que sueltan algunos me resultan como la peli de Atrapado en el tiempo, es como si se repitiese una y otra vez el día de la marmota, es la paciente y silenciosa santificación de la marmota, jo! Pero bueno, nosotros seguimos con nuestra alegría.

Tiene su gracia que al día siguiente del nacimiento del niño se me ocurrió acercarme a la capilla del Hospital a dar las gracias al Jefe un momento y me llevé la agradable sorpresa de que cuando entré en la capilla estaba empezando la celebración de la Eucaristía. Así es Dios, uno va a pedirle unas migajas y le planta delante el banquete entero. Y todo gratis.

Es imposible no quererla:

Salve, Reina de los Cielos
y Señora de los ángeles;
salve raíz, salve puerta,
que dio paso a nuestra luz.

Alégrate, Virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, hermosa doncella,
ruega a Cristo por nosotros.

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