Qbstt

Una de pastis. Principales eras de la Historia: Paleolítico, Neolítico y Ansiolítico

In Listado de entradas on agosto 13, 2012 at 16:49

“Dos amores fundaron dos ciudades, a saber: la ciudad terrena el amor de sí hasta el desprecio de Dios, y la ciudad celeste el amor de Dios hasta el desprecio de sí mismo” (San Agustín, Ciudad de Dios XIV)

Hay que reconocer que Agustín estuvo grande, presenta estas dos ciudades, que no son ciudades físicas y que están confundidas en la historia, sus ciudadanos viven entremezclados y pasando muchas veces de una ciudad a la otra.

San Agustín distingue estas dos ciudades por el amor a Dios o por el sólo amor a uno mismo. Estas dos ciudades también se distinguen por la soberbia y la humildad siguiendo las palabras del Señor “el que se ensalza será humillado”. Así pues aquel que cree no necesitar recibir nada de parte de Dios, que no necesita a Dios, se empequeñece al elevarse.

Otra diferencia consiste en que los habitantes de la ciudad terrena viven “según la carne” mientras que los de la ciudad celeste viven “según el espíritu”. Es curioso porque este tipo de expresiones estoy convencido de que actualmente son totalmente confusas, parece que vivir según la carne implica disfrutar de los placeres del mundo mientras que vivir según el espíritu consiste en despreciar el placer. Realmente, a pesar de la catequesis continua que recibimos del mundillo secularizado, no es eso. Por ejemplo, para San Pablo, tanto los epicúreos que ponían la felicidad en el placer, como los estoicos que ponían la felicidad en la virtud y se privaban de los placeres vivían ambos dos según la carne. ¿Entonces de qué va la cosa? Pues en definitiva de la humildad de reconocer quién es el Autor de la vida. Dice San Agustín que el tipo virtuoso que cree que con sus virtudes ha llegado a la felicidad, sus virtudes realmente son vicios. En ese caso falta lo fundamental, la humildad de reconocer que todo viene de Dios, que uno no puede ser virtuoso sin la gracia de Dios. Un concepto que me pareció genial: el hombre no se hizo semejante al diablo por la carne que no posee, sino por la soberbia.

El punto del asunto consiste en vivir reconociendo a nuestro Autor.

Uso el término “autor” por una razón. Pongamos que una persona observa un cruce de caminos en el que sabe que frecuentemente la gente que pasa por allí se confunde, no hay ninguna señal indicando el destino de cada ramal del camino. Se le ocurre la idea de hacer una señal con la intención de indicar a los viandantes el destino de cada ramal del camino. Para crear esta señal utiliza los materiales de los que dispone. Así, puede hacer, por ejemplo, una señal metálica y pintar en ella una flecha; el metal seguirá siendo metal y la pintura seguirá siendo pintura, pero el conjunto de la señal será una realidad distinta. No se puede decir únicamente que la señal sea un conjunto arbitrario de metal y pintura sino una realidad nueva y separada con una finalidad. ¿Es materia? Sí. ¿Es algo más que materia? También, es una realidad distinta puesto que tiene finalidad propia. Su origen no es el caos, no es arbitrario sino que su origen es una persona, su origen es una “razón creadora”. Pues bien, el hecho de que algo tenga autor indica implícitamente que ese algo creado tiene finalidad. Es decir, el autor ha creado ese objeto con un sentido, con un fin. Puesto que el autor quiere poner una indicación en un camino, nuestro creador hace una señal, podría haber construido un martillo o pintado un paisaje sobre un lienzo, pero la finalidad de estos últimos no sería la de indicar el camino sino otra. Es decir, autor implica creación con sentido, implica finalidad concreta.

En el caso contrario, si en un cruce de caminos se estrella un avión y por azar un amasijo de hierros se moldea en forma de señal y se clava en el suelo con flechita pintada y todo, dicho objeto no tendrá finalidad, su existencia no tendrá sentido, no ha sido creada para nada ni con ningún propósito. Dicho objeto tendrá forma/apariencia de señal pero no será más que un amasijo de metal y pintura con una forma concreta. Tal es así que un viandante que sepa el origen de este objeto no confiará en “su indicación” aunque tenga forma de señal puesto que sabe que no tiene la finalidad de señalar el camino.

Entonces, la finalidad de una creación viene dada por su autor, es él el que confiere sentido a la existencia de su creación.

Nuestro caso es un caso más complicadillo porque somos personas, es decir, la creación es también una persona -somos imagen del Creador-. La persona es un fin en sí mismo, fuimos creados por amor, sin embargo el hecho de aceptar que también tenemos Autor implica que nuestra existencia tiene sentido, tiene finalidad. Y en nuestro caso concreto podemos hablar de “vocación”, de “misión” y, en general, de ley divina por la que guiarnos. Aunque por el hecho complejo de ser persona somos distintos al caso de la señal que antes comentaba puesto que una señal no es libre, la plantas en un sitio y ahí se queda. Sin embargo nosotros podemos elegir, somos libres, podemos rechazar nuestra finalidad, es decir, rechazar la autoridad, rechazar las leyes por las cuales estamos llamados a guiar nuestro comportamiento. Sin embargo rechazar esto implica que nunca podremos vivir en plenitud, vivir según nuestra naturaleza, no podremos ser felices. Si una señal de tráfico se empeña en hacer el martillo, al tratar de poner clavos se estropeará, se abollará, jeje, ¡Pobre señal, no será feliz! ¡Ay, si supiera que a pesar de sufrir algún rato de aburrimiento podría encontrar la felicidad señalando el camino, ayudando en su misión a algún pobre viandante!

Esta es la diferencia que encuentro entre la ciudad celeste y la terrena. En la terrena impera la creencia de que si rechazamos el fin al que estamos llamados seremos libres. No se reconoce o no se conoce al Autor y la consecuencia es la pérdida de sentido de la existencia, de la propia finalidad, de aquello a lo que estamos llamados para vivir en plenitud según nuestro propio ser. Si no existe una razón creadora tampoco existen leyes que rijan de forma natural el comportamiento de las personas, sin Padre el fundamento de la fraternidad de todos los hombres se diluye y únicamente nos regiremos por las entrañas, por el sentimentalismo de la mayoría que conduce a la cámara de gas a la minoría en busca de un chivo expiatorio. Debido a la pérdida del sentido de la propia existencia en la ciudad terrena abundan las depresiones (al margen de enfermedades mentales que siempre existirán) y menudean las personas “decentes” que tienen una justificación en el sentimentalismo para hacer cualquier cosa mientras escasean los pecadores que como el publicano se avergüenzan de sus errores (fariseismo incluido). Porque nada tiene sentido ni finalidad pondremos la felicidad en el mero placer y no alcanzaremos la plenitud, o en la virtud o en la moderación o en el “equilibrio”, pero al margen de un bienestar físico nuestra existencia seguirá sin tener sentido. Por eso es mejor vivir rápido, morir joven y dejar un bonito cadáver. Por eso nos empeñamos en no responder a las preguntas últimas y más fundamentales de nuestra vida y vivimos distraídos queriendo hacer un mundo no-sé-cómo, pero ¿para qué? ¡ah! no lo sé. Por eso dicen que hay tres grandes eras en la Historia: paleolítico, neolítico y ansiolítico…

Es la muerte óntica, es la muerte del ser, estamos muertos aunque biológicamente vivamos, no somos/existimos para nada. Es la muerte a la que conduce el pecado -que no es lo mismo que el placer-, pecar es dar la espalda al Autor y por lo tanto a la finalidad propia.

Pero, ¿cómo es posible? ¿Por qué iba a querer alguien eso? Pues por eso se dice que la tentación es un camelo y el pecado un engaño. Es como el niño pequeño que, sin saber el valor de un billete de 500€, lo intercambia maliciosamente con el Estafador a cambio de dos caramelitos creyendo ganar algo a cambio de un papel sin valor sin sospechar que con su billete podría comprar muchísimas más cosas. Es el timo de la estampita en versión trascendente, nos pasa a todos.

Por eso dijo Quien lo dijo que la Verdad nos hará libres. Bueno, bueno, no tan rápido, ¿pero no se dice que es al revés, que la libertad nos hará verdaderos? Mmm, yo lo único que sé es que si me ofrecen un vaso de un líquido transparente prefiero conocer si el líquido es agua fresquita o es lejía antes de elegir, porque elegiré beber lo bueno, el agua fresquita. Otro preferirá elegir primero antes de saber, eso sí, tiene una gran probabilidad de acabar conociendo la verdad en el cementerio. Ya, pero allá él, ¿no? ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano? Entiendo, así nos va…

¿Y lo de que la tierra es del viento? Sólo añadiré una cosa más acerca de los indios y su digna espiritualidad: hasta Toro Sentado se convirtió. Con su cruz al pecho y todo, ole, ole y ole.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: