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El macabro síndrome de Tánatos de ElPaís

In Listado de entradas on julio 27, 2012 at 12:57

Hace unos días me empecé a leer “El síndrome de Tánatos” de Walker Percy, me está gustando. Me llamó la atención una frase puesta en boca del viejo Padre Smith pero que fácilmente podría haber estado en boca del Padre Brown más chestertoniano:

¿Sabe adónde lleva el sentimentalismo? A la cámara de gas. El sentimentalismo es la primera máscara del asesino

Me llamó la atención, pero más aún cuando luego ElPais publicó su serie lacrimógena sobre lo bonito que es matar niños enfermos y de nuevo cuando leí esta entrada buenísima o cuando TEB habló del Aborto por compasión. Totalmente cierto, siento escalofríos cuando oigo “todo niño tiene derecho a ser amado”, “una mujer tiene derecho a controlar su propio cuerpo”, “el enfermo terminal debe poder morir con dignidad” ¿Qué pueden esconder estas frases en la trastienda? Que un niño no nacido sea arrancado del útero materno con una máquina de succión. Que se pretenda matar a un discapacitado. O que una persona de edad avanzada deprimida se sienta obligado a matarse por no crear molestias. Es el lagrimeo que apela a las vísceras del otro para justificar que se considere más importante a un hijo “deseado” que a uno “no deseado”. Que un niño discapacitado sea considerado menos importante que los padres que tienen que cuidar de él. Que un niño no nacido o un enfermo incurable sean considerados menos importantes que las personas sanas y bien desarrolladas.

Es todo tan… principios del siglo XX… tan nazi… Las estadísticas son demoledoras, en España no nacen prácticamente síndromes de Down, no porque no los haya, sino porque los matamos. Eugenesia pura y dura, la ley del más fuerte, o del considerado “normal”.

La actuación humana se desarrolla a tres niveles:

  • El primer nivel es el físico, las funciones orgánicas que nuestro cuerpo realiza involuntariamente.
  • El segundo nivel es el emocional-afectivo, son nuestros estados de ánimo, sentimientos, instintos, tendencias…
  • El tercer nivel de pensamiento constituido por el entendimiento y la voluntad.

Hay filosofías que conciben este tercer nivel como el único genuinamente humano viendo al cuerpo como una especie de cárcel. Éstas sin duda no hacen justicia al hombre puesto que sin pasiones el ser humano sería un ser desganado y apático. Obrar sin pasión es inhumano.

Hay otras filosofías sentimentalistas que sobrevaloran los sentimientos llegando a la conclusión de que el hombre ha de “dejarse llevar” o guiarse únicamente por sus impulsos. El problema de éstas es que esta afectividad o estos impulsos se pueden desordenar hasta llegar a la adicción o simplemente un acto malo. Obrar sin razonar también es inhumano.

El hombre equilibrado es el que sabe utilizar su entendimiento y su voluntad para ponderar en su justa medida estos impulsos y sentimientos. No reprimir sentimientos ni tampoco absolutizarlos, pero sí valorarlos y ordenarlos en su justa medida. Y supongo que por eso Santo Tomás dice que “amar es desear el bien a alguien”. Y es que, en general, en personas sanas equilibradas y que han recibido una educación equilibrada, lo que les hace sentir bien suelen ser cosas buenas y lo que les hacen sentir mal suelen ser cosas malas. Por ejemplo, sentir ternura hacia un bebé es bueno pues nos pone en alerta sobre el especial cuidado que hay que tener con alguien que todavía no puede valerse por sí mismo, es un sentimiento ordenado y bueno. Enfadarse en su justa medida ante un acto malvado yo también diría que es también un sentimiento ordenado que clama justicia. Pero dejarse llevar por la cólera hasta el punto de cometer un asesinato, o un deseo sexual que termina en violación, no son razonables, el impulso no ha sido ordenado puesto que la razón y la voluntad están por encima del puro deseo y nos indican que el acto es malo.

Es curioso, por ejemplo, como en el cine a veces “juegan” con los sentimientos de los espectadores. Por ejemplo, en una película de terror en la que estoy pensando puede aparecer una niñita muy mona en un ambiente normal en el que nos pueden mostrar planos en los que podamos sentir ternura hacia el personaje. Sin embargo, si descubrimos que bajo la aparente ternura de la niñita, ésta esconde un mal atroz nos produce miedo por la diferencia inesperada entre lo que es y lo que en apariencia debería ser. Esta reacción de miedo es también un sentimiento de desprotección frente a las apariencias debido a que nuestros sentimientos son en gran parte una primera línea que apunta lo bueno y lo malo, entre aquello de lo que nos fiamos y de lo que no.

Y por eso el artículo lacrimógeno de ElPais es una atroz película de terror en la que bajo rostro tierno se esconde la barbarie. Porque el sentimiento natural hacia un niño enfermo es el de especial protección, amor y acompañamiento incondicional, pero no el de desear matarle… ¡¿por amor?!. Justificar el deseo de muerte de un niño bajo una apariencia tan sentimental sólo se me ocurre calificarlo con un adjetivo: MACABRO.

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