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La monstruización del pensamiento

In Listado de entradas on julio 10, 2012 at 09:59

Hace una semana que +Camino presentó el documento sobre el amor conyugal y poniendo en aviso contra la ideología de género. Por supuesto recibió críticas, los adalides de la ideología de género siempre están a la que salta. Leí una crítica que pensaba que la presentación había sido muy dura. No estoy para nada de acuerdo con esta crítica, una cosa son las ideologías y otra las personas, una cosa es la lucha de las ideas y otra la de las personas. Es más, si no luchamos contra las ideas equivocadas acabaremos luchando equivocadamente contra las personas y al contrario, cuando nos rendimos en el intento por esclarecer la verdad dejamos camino libre para la ruina. Las ideas tienen consecuencias.

Para tipos que decían cosas duras, más duro fue, por ejemplo, Fran el de Asís, aunque a veces es difícil verlo tras haberle embadurnado con una capita de sentimentalismo.

(fuente)

Hace tiempo comenté que la fe y la razón se habían destripado en Europa de forma que, por un lado nos encontramos con el fideismo protestante, y por otro el racionalismo ilustrado. Y sin embargo, al destripar esa unidad destruyeron tanto la fe con las mil divisiones de las denominaciones protestantes como la razón con las mil divisiones de las ideologías modernas.

Es muy curioso cómo muchas veces lo que une tanto a los unos como a los otros entre sí no son sus razones para creer una cosa u otra puesto que son contradictorias entre ellas sino su enemistad común contra la Iglesia y la moral tradicional.

Al final, las ideologías no son más que un conjunto de ideas estructuradas encerradas en sí mismas y que parten de la base de principios muy sencillos. Hay que colocarse fuera para ver sus inconsistencias puesto que una vez admitidos esos principios -más que discutibles yo diría falsos- es fácil llegar a entender las consecuencias que tuvieron en la historia. Por ejemplo, si uno comparte los prejuicios que se colocaban como principios en la moral, historia y racismo hitlerianos es coherente matar millones de judíos. O si compartimos los prejuicios que se colocaban como principios en la visión de la lucha de clases de Marx es coherente con las cositas que hizo el régimen soviético. Sin embargo no sólo hay grandes ideologías, también existen otros conjuntos de ideas encerradas en sí mismas a otro nivel, por ejemplo son ideologías también el utilitarismo, el consumismo, en cientifismo, el progresismo, el anticatolicismo… y sí, también la ideología de género.

A ello se dedican muchas veces los think-tanks ,que yo más bien llamaría think-búnkers, y algunas universidades, a “fabricar” ideas, consecuencias y formas de actuar partiendo de ese puñado reducido de principios de los que parten. Podríamos plantearnos, ¿no es esto una cierta creatividad, no es bueno proponer ideas nuevas? Pues bienvenidas sean las nuevas ideas, pero no todo vale, hay que tener en cuenta no sólo ese puñado de principios simplones del que parten sino el todo, y como eso es difícil si no imposible, al menos estando humildemente abiertos al misterio.

Visto como ese conjunto cerrado de ideas frente al “pensarlo todo”, frente a la fe y la razón, se puede comparar una ideología con la extracción de un órgano del cuerpo humano y agrandarlo, ponerle añadidos, injertos e implantes para después volver a colocarlo en su sitio a martillazos. Ideología tras ideología creamos un monstruito más bien feo, lleno de partes desproporcionadas y adulteradas. Este es uno de los grandes dramas occidentales, la razón se ha fragmentado en ideas incoherentes entre sí y cada uno se maneja en su vida con un puñado de ideologías en su cabeza que, aunque a veces son conflictivas entre sí, las costumbres y los usos sociales hacen que no nos demos ni cuenta. ¿Quién puede descubrir esas incongruencias? Pues alguien brillante que sea capaz de tomar cierta distancia de sí mismo y del tiempo que le ha tocado vivir, por ejemplo Chesterton, Flannery o’Connor, R. Knox, H. Belloc…

Y exactamente la misma fragmentación hace el protestantismo con la fe, sin una visión global del todo, cada denominación se obceca en un aspecto de la realidad más o menos pequeño que agranda con su interpretación particular procediendo en este caso a la monstruización de la fe.

Y es que la Verdad, y la Verdad como un todo, muchas veces es apabullantemente paradójica y parece que no nos suele gustar lo paradójico, es una herida abierta. Así pues, la Verdad es Ley y a la vez Misericordia. Y cuando la masa estúpidamente enfervorizada grita que la Verdad es Ley, el profeta tiene la misión de anunciar a este pueblo rebelde, le hagan caso o no para que sepan que entre ellos hubo un profeta, que la Verdad no sólo es Ley sino también Perdón y Misericordia. Y cuando la masa revolucionada grita que la Verdad es que todo vale, el profeta tiene la misión de anunciar que la Verdad es Misericordia, pero también es Ley.

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