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La vergüenza de que haya humanos sin derechos

In Listado de entradas on junio 27, 2012 at 17:07

Si yo utilizase la expresión “persona humana” probablemente más de uno sonreiría por considerarlo un oxímoron una redundancia, es decir, pensaría que estoy repitiendo la misma idea en dos palabras sucesivas que se solapan, un humano es, a fin de cuentas una persona, plantearía. Y si yo pudiese leer en la cara de esa persona dicho pensamiento daría gracias a Dios por el sentido común que es capaz de desplegar.

Me pregunto si las personas son una subclase de los seres humanos, o los seres humanos una sublcase de las personas… Si somos capaces de diferenciar entre seres humanos y personas es por dos razones: la posibilidad de que haya personas no humanas, otros seres que también sean personas. Y la otra posibilidad es que existan humanos que no sean personas, humanos impersonales, es decir, humanos sin derechos.

El sentido común y la moral tradicional dicen que todos los seres humanos son personas y tienen derechos. En cambio el relativismo moderno dice que únicamente algunos seres humanos son personas y son personas porque otros les dan sus derechos y en concreto aquellos que tienen poder sobre ellos. Por tanto, si tenemos poder podemos “despersonalizar” a cualquier grupo que queramos: negros, judíos, cristianos, enemigos políticos… o bebés no nacidos. Ese es el gran punto de la cuestión, y el gran error, la moral relativista dice que uno no tiene derechos por lo que uno “es” sino porque otro con más poder le concede o no el reconocimiento de sus derechos. Precisamente por eso los abortistas suelen hablar de la mujer (que es la parte que tiene el poder) y nunca hablan de su hijo (la parte débil, el ser humano al que consideran impersonal y por tanto carente de derechos). Por eso el movimiento pro-vida habla no sólo de la madre sino también del más débil, del hijo.

Porque uno tiene derechos por lo que “es”, porque es humano, no por lo que “tiene” ni por lo que “hace” tal y como se promulga desde la nefasta “trinidad” de utilitarismo, pragmatismo y consumismo. El pragmatismo vincula el valor del hombre a su producción y eficiencia. Otra hermana fea es el utilitarismo, que iguala el concepto de valor con el de utilidad. Y la tercera bruja malvada es el consumismo, el cual determina el valor de algo en base a la capacidad de uno mismo para satisfacer una necesidad. Estas tres ideas socavan desde su raíz el derecho que inherentemente posee el ser humano por lo que es.

La ciencia dice que el embrión es un ser vivo y que podemos conocer que tiene ADN humano, por lo que también es ser humano. Su ADN es específico y único, configura su propia individualidad independiente del de la madre, la cual desde la fecundación “únicamente” le proveerá de sustento. Su desarrollo normal sin intervención voluntaria ni necesaria de la madre conducirá a su nacimiento y normal desarrollo. Por lo que tendremos que admitir que no sólo es un ser vivo sino también es un ser humano en un estadio concreto de maduración y desarrollo. Dicha maduración y desarrollo proseguirá después del nacimiento hasta su muerte natural a pesar de lo cual nunca dejará de ser humano.

La premisa moral es que todos los seres humanos tienen derecho a la vida precisamente porque son seres humanos. Es prácticamente la Regla de Oro del derecho, la justicia, la igualdad. Todos los seres humanos son personas, tienen esencia humana y, por lo tanto, son esencialmente iguales.

La premisa legal es que la ley debe proteger los derechos humanos más básicos. Si todos los seres humanos son personas, si todos los seres humanos tienen el derecho a la vida, entonces la ley debe proteger el derecho a la vida de todos los seres humanos sin excepción.

Entonces sólo hay dos razones para ser abortista: ignorancia y una ignorancia que clama al Cielo pues de ella depende la vida de los demás. O la negación deliberada, es decir, falta de honradez, el propio interés político y sobre todo económico. Curiosamente el argumentario abortista se desplaza lentamente desde replicar en contra de lo que la ciencia dice a replicar contra la premisa moral, es decir, aceptar que son seres humanos pero no personas, son carentes de derechos. En cierta forma es comprensible porque la única forma de considerarse abortista es primero abortar tu razón. La única manera de justificar la pérdida de la inocencia moral es echar a perder la inocencia intelectual.

Esta es la razón por la que por ejemplo, cuando uno lee el periódico El Pais de ayer puede comprobar cómo trata el caso del feto al que le fue extraído exitosamente un tumor con 26 semanas. Porque los avances médicos salvan vida, son pro-vida y eso al movimiento en contra no le gusta. Por eso El País se la coge con papel de fumar para hablar del caso. Por eso El País titula el artículo como “Operado a medio nacer”.

Incluso en el caso en que aleguemos ignorancia como fue el caso en el que cierta exministra dijo que no se podía conocer cuál era el momento en el que comienza la vida, se plantea uno la cuestión de cómo eligieron el límite de tiempo para permitir el aborto. Por no hablar de la enorme irresponsabilidad de legislar a en contra de la vida sin estar muy seguros de lo que están haciendo. Porque en el fondo, el límite de tiempo que se traza para permitir o prohibir el aborto es tan arbitrario como otro cualquiera, porque si un ser humano es ser humano persona sujeto de derechos a las 30 semanas de embarazo también lo es con 26 semanas, con 10 semanas, con 1 día o con 10 años después de nacer. ¿En base a qué criterio se eligió el límite? Me temo que fue la letal combinación de ideología+política.

Edmund Burke declaró: “La única cosa necesaria para que el mal triunfe es que los hombres buenos no hagan nada.”

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  1. No sé cómo comunicarme con usted si no es poniendo un comentario aunque no venga a cuento. ¡Tome Bosón de Higgs para profanos!
    http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/07/04/actualidad/1341409952_000493.html
    ¿No es hermoso?

    • Muy interesante y sí, muy hermoso, muchas gracias por el link! Jejeje, también lo llaman “partícula de Dios”, sigo pensando que no saben ponerles nombres a las partículas, podrían haberle puesto “partícula Santo Tomás de Aquino” y molaría mucho más.

      Por cierto, mi correo electrónico es: pgongan@gmail.com

      Muchas gracias, 🙂

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