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La realidad no me gusta porque es dogmática

In Listado de entradas on marzo 14, 2012 at 12:46

Hay frases hechas, expresiones populares que son simplemente geniales, y jugosas. Tal es el caso de “yo no me arrepiento de nada de lo que he hecho en mi vida” o de otra también estupenda “porque yo lo valgo” (en versión pelo-pantenne) o en su versión menor “porque yo me lo merezco”.

La visión de tales titanes me hace caer en la cuenta de que soy un churro, no presto la atención suficiente, ni tengo muchas veces el deseo, ni el fervor, ni la humildad, ni la paciencia para lograr tal estado de gracia. No, soy católico: la gracia viene de Dios, no me la gano. Y la Iglesia es la reunión de los “churros esperanzados”, no la liga de los siete magníficos.

Sin embargo Dios es el que sabe estirar a la gente, darlos de sí. Y a veces elige a los más débiles para hacer Sus grandes obras para mostrar de esa forma que es Él quien hace el trabajo. Y así en el mundo podemos saber que existen los gigantes. Los gigantes son los santos porque son los únicos que logran, por la gracia de Dios, tener los pies en la tierra y la cabeza en el Cielo. Son los auténticos realistas, los que observan la realidad a la cara y sonríen cuando el racionalista niega los dogmas. Pues son los que observan la realidad misma y la realidad misma es un dogma. Tenemos la pretensión de crearnos ficciones racionalistas que se alejan de la realidad. No me extrañaría que cada crisis no sea más que el dislate excesivo, la divergencia excesiva entre la ficción que nos inventamos socialmente y la realidad de cómo el ser humano es. Cada época, cada ideología, cada momento tiene su propio “modelo”, su propia descripción o creencia acerca de cómo el ser humano es. La crisis no es más que la caída desde nuestra creación, desde esa ensoñación que hemos elevado hasta el suelo de la realidad.

Incluso un modelo económico en un momento dado en sus últimas causas se basa en un modelo del hombre, en una creencia acerca de cómo es el ser humano y cómo va a actuar. Y nunca, si no es el santo, se fija en la totalidad del hombre, sino tan sólo en ciertos aspectos que exagera hasta convertir al hombre en una parodia de sí mismo que a la larga termina por aborrecer o ignorar.

Si es cierto (como evidentemente lo es) que un hombre puede hallar exquisito placer desollando un gato, el filósofo religioso puede llegar a una de dos conclusiones. Debe, o negar la existencia de Dios, que es lo que hacen los ateos; o bien negar la inalterable unión entre Dios y el hombre, que es lo que hacen los cristianos. Parece que los nuevos teólogos piensan llegar a una solución altamente racionalista negando el gato. (Chesterton)

Así pues, por ejemplo San Jerónimo dijo:

Si Cristo no quiso dejar a los judíos sin comida en el desierto por temor a que perecieran, fue para enseñarnos que es peligroso tratar de llegar al Cielo sin alimentarnos con el Pan del Cielo

Y realmente viendo la historia creo que es una gran verdad eso de que llegar al Cielo sin contar con Dios es… peligroso. Supongo que para construir un paraíso es necesario un dios, sea el Único, sea yo mismo endiosado. Y al final todos los paraísos en la tierra acaban resultando infiernos en el lodo. Acaban siendo no paraísos, pero sí echados por tierra. No me refiero únicamente a los grandes imperios o grandes naciones sino también a los imperios que nos pretendemos construir cada uno en pequeña escala.

En ciertas ocasiones decimos u oímos que Dios está en todas partes, que está en los corazones de las personas o que está en yo-qué-sé-dónde. Bien, pero creo que la Eucaristía es la verdad más radical que podemos contar. Ese Pan es Dios y lo pueden consumir aquellos humildes y undermileuristas que incluso por algún motivo no pueden o no quieren consumir el porque-yo-lo-valgo en todos los sentidos.

O porque hay gente tan pobre tan pobre que lo único que tiene es dinero y/o trabajo y/o estudios…

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  1. Cualquiera puede cocer un pan sin contar con Dios, gracias a Dios. Esa evidencia les basta a los ateos para concluir que Dios no existe y a los creyentes para dar gracias a Dios.
    Lo que resulta más difícil es dar de comer a una multitud con un pan y sin contar con Dios. Eso es lo que tratan de hacer los nuevos teólogos ante la incrédula mirada de los ateos y de los creyentes.

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