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Cuando los napoleones pesimistas se ponen el embudo en la cabeza

In Listado de entradas on marzo 8, 2012 at 17:50

Como tenía bastante tiempo libre decidí que me iba a desayunar a un sitio que conocía allí cerca en el que ponen unos pinchos de tortilla muy buenos. ¡Oh, pincho de tortilla, tú si que vales! Estuve leyendo una cosita que me pasaron, trata sobre la disputa entre el bueno de Santo Tomás de Aquino y el malvado y triste Siger de Brabant, la imparcialidad por delante, oye.

En resumen, San Agustín consideraba que en la búsqueda de la verdad se debía confiar en la experiencia de los sentidos. Sin embargo el revuelo que causó el redescubrimiento de Aristóteles devolvió la confianza en el conocimiento empírico, a mayor gloria de los averroistas encabezados por Siger de Brabant. Vamos, que aquello que decía Aristóteles parecía tener sentido. Mmm. En la disputa San Alberto Magno lo intentó pero en esta cosa no debió tener mucho éxito así que le tomó el relevo Tomás. Y Tomás, para no enrrollarnos, vino a decir que el énfasis agustino sobre el principio espiritual se podía reconciliar con la afirmación averroísta de la autonomía del conocimiento derivado de los sentidos. Tomás de Aquino insistía en que las verdades de fe y las de la experiencia sensible en versión aristotélica, eran compatibles y complementarias. Algo así como que la fe guía al hombre hacia Dios y supera a la razón, pero no la anula. La razón es iluminada por la fe, la fe es purificada por la razón.

Siger de Brabant, en cambio, proponía que la fe va por su lado y la razón por el suyo, algo así como un transtorno bipolar. Nos podemos poner el disfraz naturalista, suponiendo que el cristianismo es un sinsentido pero cuando recordamos que somos cristianos, tenemos que admitir que el cristianismo es verdad sin preocuparnos por contradecir o no lo que dice la razón. Podemos creer y a la vez no creer.

Si al final resulta que es cierto eso de que el demonio tiene varios nombres, uno de ellos seguramente sea Murphy. Fijo. Y si algo puede salir mal saldrá mal. Al final romper con la fe o con la razón producen dos cosas trágicas: racionalismo o fideismo. Y si el fideismo nos puede acabar conduciendo a la credulidad, un tanto idiotizante, si se me permite. El racionalismo puede desembocar en la deshumanización del hombre. Los ateístas más recalcitrantes hablan de la cosa del “Dios de los huecos”, jugando con el nombre yo diría que separar la fe y la razón produce “hombres con huecos”, quizá unos con la cabeza hueca, quizá otros con el corazón hueco.

A estas alturas no sé si el fideismo se puede declarar muerto, pero cuando la aplicación de insultos de Lutero ya no ofende a nadie denota, como poco y en primer lugar que el tema se ha enfriado bastante. Y en segundo lugar, que alguien tiene demasiado tiempo libre. Es más, cuando me sale ésto:

Que traducido viene siendo:

En nuestro país, la fruta crece en los árboles y de los árboles, y la meditación sobre el pecado surge de la contricción. Pero en tu tierra, los árboles crecen en las frutas, la contricción de los pecados, la gente camina con los oídos y todo está al revés. (De Defense and Explanation of All the Articles, pg. 38 de los Luther’s Works, Vol. 32)

Jejeje, no me digáis que no os recuerda a los artículos de César Vidal: ¡esos católicos ignorantes y malvados! ¡Todo lo hacéis al revés! ¡Hasta los dinosaurios se extinguieron por vuestra culpa!

En cambio el racionalismo, con sus feas hermanas ilustristas como el cientifismo, utilitarismo, materialismo… estas siguen vivas.

Como dijo en su día un amable comentarista, ser racionalista al final es ponerse el sombrero de Napoleón en la cabeza creyendo que el sombrero es lo único que existe y que somos Napoleón sólo por llevar su sombrero.
En su versión moderna el cientifismo es algo así como una filosofía que niega la filosofía por considerar como única verdad la ciencia. Curioso. Incluso yo diría que se tiene algo de fideísta o de crédulo cuando se afirma que el cientifismo y la ciencia son la misma cosa. Y ojo con llevar la contraria a este respecto a los ateístas napoleónicos!! Bah, realmente no me importa:

No es una refutación formal del cientifismo, ni lo pretendo, pero considero que es imposible llevarlo de forma radical a la práctica. Resulta paradójico que consideremos que alguien que vive de forma radical el Evangelio, por la Gracia de Dios, es un santo; sin embargo un cientifista que viva radicalmente su cientifismo se puede convertir en un monstruo.

Desde siempre nos suelen enseñar, o como poco, lo oímos por ahí, la definición aristotélica del hombre, eso de que el hombre es “animal racional”, sin tener en cuenta que el mismo Aristóteles en Política lo defina atendiendo a otras consideraciones como animal social o como animal “político” (Dios nos libre). Considerar que al hombre sólo lo define su inteligencia me recuerda a cierto tipo de autismo que hace que ciertos individuos sean capaces de hacer una única cosa, muchas veces sorprendente, que repiten y repiten contínuamente. Vi una vez por televisión el caso de un niño autista que era capaz de hacer un único dibujo, el dibujo de su cuarto de baño, era un dibujo tan perfecto que parecía una fotografía. Sin embargo el ser humano al que consideramos común, no es sólo animal inteligente en un sólo sentido, ni siquiera sólo animal racional. Se le podría considerar como “animal social”, o “animal estético”, o “animal moral” o incluso como “animal religioso”.

Quizá podría considerar que la razón asume y abarca la sociabilidad del hombre, y su anhelo estético y su búsqueda del bien. Pero no agota estos temas. O, por lo menos, no se puede vivir como si los agotase.

Y así por ejemplo alguien que considere que la neurociencia agota la moral y que la consideración del bien y del mal está definida estrictamente por la química cerebral o por cualquier otro tema de su composición mataría la propia moral. ¿Por qué considerar lo bueno y lo malo como intrínsecamente bueno o malo si todo es una cuestión de química? Creo que damos tan por supuesta la libertad del hombre que no somos conscientes plenamente de ella pero lo cierto es que si considero que las acciones del hombre vienen dadas por su configuración física o química no debería poder emitir juicios sobre la bondad o maldad de mi vecino, todo se reduce fríamente a lo material. Si consideramos que nuestro cerebro nos engaña en este sentido somos lo suficientemente libres como para burlar al “burlador”, sin embargo en general no lo hacemos. Cuando vemos la llanta de la rueda de un coche la vemos girando en un sentido, a ciertas velocidades la empezamos a ver girando en el contrario debido a un efecto óptico (nuestro ojo es un filtro paso-bajo, no es capaz de ver frecuencias muy altas) pero suponemos que sigue girando en el mismo sentido. Es decir, somos capaces de conocer y asumir los “engaños” de nuestra percepción. Sin embargo sabemos que apuñalar a nuestro hijo o pegar a nuestra mujer es un hecho intrínsecamente malvado, de esto solemos estar muy seguros y convencidos ¿por qué?

Así pues uno de los resultados del racionalismo tomado en serio es el infanticidio, el “aborto post-natal”. ¿Por qué no? ¿Por qué deberíamos considerarlo algo malo si lo único que existe es lo que vemos? ¿Qué tiene la configuración y el orden de los componentes del cuerpo humano que los hace especiales respecto a los de una escultura o un robot? O también, ¿por qué no quemar el museo del Prado o el Thyssen? Después de todo son un conjunto de pinturas que un grupo de personas consideran estúpidamente importantes, ¿qué tienen de especial sus componentes? ¿Por qué son diferentes al cuadro que puedo pintar yo mismo?

Realmente parece que el racionalista coherente con sus propios principios no es sino un chalado o un psicópata. Y el sombrero de Napoleón se convierte en un embudo puesto al revés. Sin embargo hay, gracias a Dios, relativamente pocos que lo lleven a la práctica pues el hombre por su propia naturaleza está llamado al Bien, a la Verdad y a la Belleza como fin último y su composición física y química es considerada consciente o inconscientemente como un medio de su propio ser, de su yo. Seamos cristianos o no el hombre está hecho a imágen y semejanza del Dios Amor y eso se nota.

Cuando salí todavía era pronto y estuve haciendo tiempo, ví una iglesia abierta, me extrañó mucho que estuviese abierta tan pronto, la verdad. Se me ocurrió entrar a saludar al Jefe y me extrañó ver que dentro había gente sentada en la nave de la iglesia en penumbra. Me fijé que lo único que habían iluminado era el altar y resultó que el Cielo estaba abierto, y Dios Padre miraba desde arriba el Cuerpo de Su Hijo expuesto en ese altar de sacrificio y celebración. Y hablaba en un cartel que había debajo del altar: “Cuaresma. Éste es mi hijo amado, escuchádle”.

Sonaba la melodía de Haendel “All we like sheep”:

All we like sheep have gone astray; we have turned every one to his own way; and the Lord hath laid on him the iniquity of us all.

(Todos nosotros como ovejas fuimos por el mal camino; cada cual se fue por su lado; y el Señor cargó sobre Él la iniquidad de todos nosotros.)

Es sorprendente lo optimista que es el catolicismo con respecto al hombre: hemos sido creados del polvo de la tierra, pero la melodía no dice “all we like shit” sino “all we like sheep”, el Señor nos hizo de barro, pero también nos insufló Su aliento…

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