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Tanto abrió su mente que se le desparramó la sesera

In Listado de entradas on febrero 27, 2012 at 13:27

¡Ay! Y cuando vinieron los problemas, según parece, gracias a Dios, ya dejados atrás, hubo una persona a la que se le ocurrió recomendarnos un aborto. Gracias a Dios, y de nuevo, gracias a Dios, sólo le respondí que no queríamos matar a nuestro hijo. Y la respuesta fue que había que tener la mente más abierta, no ser un fanático. Y ya no respondí nada más, gracias a Dios. Es una de esas veces en las que he visto más claramente eso de “libranos del mal”, por lo que le podía haber dicho y no me salió en ese momento. Y sobre todo viendo lo duramente que le juzgué en mi mente recordando después la conversación, encima teniendo en cuenta que el tipo es de los de ir a misa los domingos y fiestas de guardar. ¡Ay!

Y digo yo que hay alguno está tan encantado de haberse conocido que, como diría Groucho, se reverencia a sí mismo “quitándose el cráneo” y una vez con toda la sesera desparramada se llama “abierto de mente”.

En una ocasión leí un texto que ponía en relación la historia del pobre Job con la Pasión de Cristo. No recuerdo muy bien de qué iba, pero lo que sí recuerdo es que pensé en la gran diferencia que había entre los tres “amigos” de Job (esos que empezaron apiadándose de él y terminaron por acusarle injustamente de haberse provocado sus desgracias) y la actitud de la Virgen María y San Juan a los pies de la cruz los cuales sencillamente estaban allí, que no es poco. Y quizá, meditaban guardando la imágen del Mesías crucificado en su corazón. A veces valoramos poco el silencio, yo el primero, en situaciones en las que es mejor ser, digamos, parco en palabras. Empatizar con un “ánimo” muchas veces basta antes de meterse a decir tonterías. En serio.

Lo chungo es que si a pesar de todo no creemos que Cristo realmente ha resucitado todo se puede reducir en adoración al pagano Tánatos, incluso aunque nos consideremos cristianos. Al final el cristianismo se puede convertir en paganismo disfrazado cuando aceptamos cualquier cosa que al mundo le parezca “razonable” sin tener en cuenta nada más. Y es que esa es la grandeza y la alegría de estar en la Iglesia, la alegría de la Pascua: Cristo ha resucitado, y por Él no somos esclavos del pecado. Conocer a Cristo es conocer la Esperanza. La desesperanza, la visión pesimista del paganismo que reduce el ser humano a un mono apenas evolucionado nos hace huir de los problemas, huir del sufrimiento aunque suponga dejar un reguero de pecados e inocentes pisoteados por el camino. Si no existe nada más que lo que vemos, nada lo impide, nada haríamos que se pudiese considerar como malo o perverso. Los átomos que bailan en nuestro cuerpo no son ni malos ni buenos.

Es curioso que el paganismo, la adoración a múltiples dioses no era exactamente igual en la creación del Imperio Romano y en su ocaso. Pudo haber tenído en su comienzo rasgos de una cierta “nobleza” en lo que a moral se refiere, aportando, por ejemplo, un cierto apego por lo local, por lo doméstico, el amor a la familia. Por el contrario fue extremadamente volátil y sincrético y al final la mitología derivó en una suerte de cuentecillos erótico-festivos. El paganismo era la religión que pudo servir de justificación, supuestamente anclada en la tradición, para muchas tropelías cometidas en tiempos de desintegración social. El paganismo era tan líquido y tan susceptible de acoger ocurrencias mitológicas y a adaptarse a cualquier moralidad o inmoralidad que degeneró en la misma medida que degeneró la sociedad de su tiempo.

Y en sus postrimerías se encontró con una panda de unos pocos chalaos que adoraban a un tal Cristo cuya fe me imagino que sonaba extrañísima (¿un Dios omnipotente muerto y luego resucitado? ¡venga ya!). Quizá por la extensión del Imperio en su geografía y en su historia ya estaban acostumbrados a religiones peculiares, pero lo que realmente les revolvía es que se negaban a adorar al César. Se vió sorprendido al encontrarse con una fe sólida (sobre todo en comparación con lo líquido del paganismo) que acogía a la vez la fe y la razón, el amor a Dios, la afectividad y la filosofía, al ser humano en su totalidad.

Eran las personas las que se convertían al cristianismo y eran acogidos maternalmente por la Iglesia. No era el cristianismo el que se convertía a la visión pagana de la sociedad que justificaba cualquier cosa.

Me imagino al romano común diciendo:

– Venga tío, adora al César si total, qué más da
– Ya, pero es que sólo hay un Dios.
– Bueno, pues le adoras y luego sigues con tu vida como si nada
– Nop
– Bah, que tío! ten la mente abierta, total el César te puede cortar la cabeza ahora, vete tú a saber el Cristo ese, le adoras por si acaso una vez a la semana y te olvidas. No seas fanático.

A veces me da un cierto repelús pensar en esa cierta división que hay hoy en día, en general en toda la sociedad y en mucho menor grado también en la Iglesia. ¿Acaso hay una cierta parte de la cosa cristiana que hace el papel que hizo la religión pagana en su día? Miedo me dá pensar que el cristianismo pueda ser lo que sostiene y justifique la barbarie al estilo del paganismo, pues sería su fin. Aunque lo cierto es que es curioso observar que las denominaciones cristianas que se han sumado al libertinaje no sólo no aumentan su número de fieles como habría cabido esperar por eso de ponérselo fácil a la gente sino todo lo contrario. Por ejemplo la iglesia de Obama ha perdido casi la mitad de sus fieles en poco tiempo y no es el caso más dramático. Parece que al cristianismo no le pasa lo que al paganismo, es como si se guiase con una ley que dijese que o el cristianismo es cristiano o no es. Va a ser cierto y todo eso de que “las puertas del Infierno no prevalecerán contra” la Iglesia. Lo realmente inquietante para la Iglesia es la falta de congruencia y el pecado dentro de ella misma, lo demás es un bluf que va y viene.

Lo que a mí me sigue sorprendiendo es que va a ser verdad eso de que Dios es Amor, incluso a un tipejo como yo le abre las puertas de Su Iglesia. Lo demás, el halago, la consideración social y la supuesta “decencia” hipócrita de clase media ¿a quién le importa? A esas cosas que las den.

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  1. Y la Iglesia permanece porque Dios la protege
    Parece tan imposible… Parece como que se va a hundir, a deshacer.
    Pero no Se mantiene.
    Si va a ser cierto que Dios existe, y nos quiere.¡¡ :O)

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