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Teofagia ateísta y el deseo reprimido

In Listado de entradas on febrero 14, 2012 at 18:35

Fui hace poco a una charla sobre trabajo en equipo. Cual fue mi sorpresa cuando el predicador, quiero decir, el ponente comenzó diciendo “yo no creo en casi nada”. Al principio me alegré pues creí haberme encontrado con un santo. Oh, un cristiano de verdad! Bueno, casi, le faltó añadir que, aún reconociendo la propia limitación, reconocía cuáles eran esos dogmas de fe en los que creía, pero que en esos pocos tenía una fe enorme que le conducía a una inmensa Caridad, gracias a Dios.

Y es que el cristiano está llamado a creer en un sólo Dios, sólo uno, es ése al que muchas veces llamamos “el Señor” y en muchas de esas ocasiones, como diría alguien que yo me sé, añadimos delante un “Oh” para demostrar el asombro que nos causa. Eso de creer en un sólo Dios, un cristiano sabe que es difícil, se necesita reflexión y atención continua para saber si en su interior no se estará idolatrando algo que no sea a este Dios, buscando juicios y prejuicios, escarbando en el corazón para saber las propias intenciones. ¿En qué creo de verdad? ¿En el humilde Dios del Amor o me estoy endiosando a mí o a mi naturaleza humana? ¿estaré idolatrando el coche del vecino? ¿o mi trabajo?

Ah, amigo, lo difícil no es creer en muchas cosas. Eso es facilísimo y se cae en ello más rápidamente cuanto más seguro se está de sí mismo. Lo difícil es creer sólo en ese Dios que es uno, en el de verdad, y ser humilde! Eso sí que es chungo…

Pero no, al final resultó que este hombre creía en muchas muchas cosas, eso sí, con una fe tan grande que ni siquiera sabía que creía en ellas (Chesterton más o menos dixit). Al final a esta filosofía materialista no le queda otra que inventarse terribles dioses de cartón que encasquetan a los demás (que siempre son más o menos fáciles de destruir), y tras acabar con el dios de cartón que te han colgao como un sambenito se creen que ya han matado a Dios. Es la amarga “teofagia” ateísta, ese deseo de encasquetarte un dios falso para zampárselo, ¿será la manifestación de un deseo reprimido? Si el mundo descubriera el tesoro que es consumir el verdadero Cuerpo de Cristo habría tortas para entrar en la Iglesia. Aunque hay una diferencia fundamental, ¿dónde pones el punto de referencia? Si consumes cualquier alimento es ese otro alimento el que se une a tí, en cambio cuando consumes el Cuerpo de Cristo eres tú el que se une a Cristo…

Te preguntarán dónde está tu Dios sin darse cuenta que si Dios fuese parte de la Creación, sujeto a las Leyes de la física (¡Ey! ¿he dicho Leyes?) y al tiempo, no sería Dios, ni el Creador, tampoco sería un dios, sería una cosa más y estaría idolatrando una parte de la Creación (¡Ey! ¿he dicho idolatrar la Creación?)

Y empezó por algo interesante, el cerebro humano. Me preguntó precisamente a mí, que lo único que sé de cerebros es que creo que tengo uno y a veces no sé dónde… – “Pueees yoooo creoooo que el cerebroooo tieneee varias capas, las que están más dentro son las que hacen cosas más primarias, como el hipotálamo, y las que están fuera son las que evolucionaron más tarde”. Oh, recibí una sonrisa, creo que por lo de “evolucionaron”, jijiji. Prosiguió: ¿qué creéis, que esto evolucionó o que fue diseñado? Surgió un brumoso rumor, uno dijo: – “buenooo, las dos cosas, ¿no?” ¡Ostras! qué sorpresa me llevé! Un valiente, sí señor. El hombre se arrugó y dijo que bueno, que para ser un diseño era un poco chuchurrío porque había algunas partes que no se usaban. ¡Ostras! O sea que distingue entre cosas más perfectas y menos perfectas, ¿cómo es posible si todo son átomos arrejuntados sin sentido, destino o propósito? ¿Qué es la perfección?

Yo creo que para disimular lo de la perfección la sociedad post-lo-que-quieras que nos hemos inventado siempre trata de encontrar lo menos perfecto, lo asquerosito. No vaya a ser que nos asombremos del universo y su existencia. Su no no-existencia. Y porque supongo que se puede llegar a la falta de humildad por dos vías no excluyentes, una es endiosandose uno mismo, la otra empequeñeciendo todo lo demás. Un ejemplo son esas exposiciones de “arte” cuajadas de excrementos plastificados, intestinos desparramados, penes y vaginas de plástico puestas en los sitios más insospechados. En la última exposición de éstas en la que estuve, en un famoso museo del norte de España, de camino al servicio oí una señora que decía: – “Pepe, ¿dónde vas?” – “Al servicio. Ha hacer una “obra de arte””. Creo que se rió hasta la amable azafata.

Y nuestro amable predicador prosiguió con un: “si nos creemos las cosas de la religión es porque no nos hacemos preguntas”. Oh! (éste es un “Oh!” como los que antes comentaba, de los de sorpresa) pues yo diría que uno acaba católico precisamente porque se hace más preguntas de las que nos quieren permitir mediante distracciones varias. ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Y del universo? ¿De dónde viene el universo? ¿Por qué distingo “perfecciones”? ¿Por qué me asombro de algo bello? ¿Por qué considero que el bien es bien y el mal es mal? Y la respuesta que se dio es la de siempre: “No podemos saber, en última instancia, de dónde viene el universo, no podemos medir o ver de lo que habla el cristianismo, es mejor pasar de estas cuestiones que no tienen sentido y descubrir el universo.”

Tá tá tá… Eso es peligrosísimo para la salud. Ya lo dijo Freud (¡Ey! ¿He dicho Freud?) hablando de la supresión y la represión de sentimientos. El padre del psicoanálisis dijo que la represión podía provocar las más extrañas compulsiones obsesivas. Si uno reprime la dimensión religiosa de su vida y trata de dejar de lado la más profunda dimensión espiritual y metafísica entra en crisis, puede ser destructivo. Incluso cuando negamos a Dios el deseo de Dios permanece y uno de los síntomas más comunes de represión espiritual es la adicción… No, tratar de reprimir ese deseo no es nada sano.

¿Y qué tiene que ver esto con el trabajo en equipo? No tengo ni idea, se vé que el hombre se aburría… O es que piensa que el trabajo en equipo y la religión son incompatibles como hacen con la ciencia. Cualquier día acabarán sosteniendo que los helados de pistacho son incompatibles con la fe y se quedarán tan anchos… Mientras los católicos seguiremos disfrutando de nuestra fe y de los helados de pistacho, regalos del Señor. Ni caso.

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