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¿La fe se mete con embudo?

In Listado de entradas on febrero 7, 2012 at 16:48

El otro día me hizo gracia una conversación que escuché sin querer. Un matrimonio estaba discutiendo sobre la fe:

– Ana, no te empeñes. Pero si es que yo no tengo fe!!! Qué le voy a hacer…
– Claro, porque pasas de todo. Qué te crees!! La fe no te la meten con embudo en la cabeza!!! Hay que currárselo.

No pude evitar reirme. Sin embargo tomé nota para más tarde buscar algo de esto en internet…

Cuando te sumerges en las cosas del catolicismo en seguida te das cuenta de que la Iglesia tiene un idioma propio y no, no es el latín… tampoco el idioma élfico. Es un mundillo lleno de términos extravagantes y quizá a veces sugerentes, otras veces terribles. Palabras que sirven para expresar con exactitud conceptos interesantes pero que no se suelen utilizar en el lenguaje común por lo que desde fuera suenan raro.

Por suerte tenemos el Catecismo que dice las cosas de forma comprensible. Incluso yo diría que aún así es preciso hacer aclaraciones y poner ejemplos porque a veces resulta un tanto árido. ¿Árido? ¿El Catecismo, árido? Psché, qué quieres!!! estoy acostumbrado a escuchar canciones que no superan los 5 o 6 minutos, ni siquiera tengo un disco de un cantante, sino que compro las canciones sueltas que me gustan de cada cantante y los subo al iPod. Veo vídeos de youtube que como no me hagan gracia los corto a los 2 minutos. Es más, cuando escribo no suelo abrir los signos de exclamación, sólo los cierro… Y sólo gracias a los libros de Harry Potter me aficioné un poco a la lectura, pero la jerigonza de estos libros es otra. Puede parecer increíble pero aún así Dios me quiere. Creo. Bueno, este párrafo es broma, pero algo de eso hay…

Es curioso como de forma natural hay ciertos actos que nos parecen buenos. Si un niño acapara los juguetes y se niega a compartirlos con los demás, enseguida saldrá de no-se-sabe-donde una madre que le dirá: “tienes que compartir con tus amiguitos”. Ser generoso es algo que consideramos bueno. Este es un ejemplo tonto de lo que quiero decir, hay cosas que son correctas y otras que no. Y nos suele gustar estar rodeados de gente buena, también considerarnos gente buena.

Y parece claro que a compartir y a ser generoso se llega… compartiendo y siendo generoso. Por eso muchas veces la madre obliga al nene a compartir sus juguetes aunque éste no quiera y al principio lloriquee un poco.

¿Los malvados Soldados Imperiales también? En efecto, también. Fuente

Es curioso que, de forma inspirada, estas cosas y muchísimas otras han sido observadas con interés a lo largo de siglos y siglos y hay personas que se han dedicado a analizarlas y diseccionar estas “buenas acciones”. Y por eso la Iglesia nos habla de las “virtudes”, palabra poco usada. La virtud es una disposición habitual a hacer el bien. Permite a la persona no sólo realizar actos buenos, sino dar lo mejor de sí misma. Una persona virtuosa busca hacer el bien y lo elige a través de acciones concretas.

Si nos ponemos a pensar en qué virtudes hay podemos precipitarnos mentalmente en una especie de mezcla de conceptos y situaciones concretas en la cabeza. Y sin embargo, por aquello de demostrar firmemente el axioma de que “hay gente pa’tó”, esta gente estableció una lista de virtudes, esas abstracciones que definen el “hacer algo bueno”, y estableció unas dependencias unas de otras de forma que observó que había en concreto cuatro que son las importantes y de las cuales se desprenden todas las demás en diversas variantes o mezclas. A estas cuatro las han llamado de la siguiente forma:

1. Prudencia: consiste en no evaluar una situación precipitadamente o basándonos sólo en impresiones o prejuicios. Es discernir en toda circunstancia el bien y el mal y elegir medios correctos y adecuados para hacer el bien.
2. Justicia: es la voluntad de dar a cada uno lo que le corresponde
3. Fortaleza: consiste en la búsqueda del bien a pesar de las dificultades y sufrimientos que pueda conllevar hacer este bien.
4. Templanza: es lo que entendemos, creo, por moderación. Procura el equilibrio en el uso de los bienes creados.

Pues muy bien. Sin embargo nos podríamos plantear por qué diantres “ser justo” es algo bueno, ¿por qué? ¿por qué no es malo? ¿por qué no depende de la consideración subjetiva de cada uno decidir si la justicia es buena o mala?

Hasta los Soldados Imperiales tienen su corazoncito. Fuente

Entonces esta gente que analiza las cosas con prudencia observa que estas llamadas “virtudes” se arraigan en otras cosas llamadas “virtudes teologales”. Después de reponerme del impacto de haber leído “teologales”, se nos dice que las VT son las que tienen que ver de forma “más directa” con la relación que tenemos con Dios. Esta gente que analiza las cosas y disecciona la realidad dice que estas VT son regaladas por Dios al alma de los cristianos para hacerlos capaces de obrar como a Él le gustaría. Son la garantía de la acción del Espíritu Santo sobre las facultades del ser humano. Éstas son tres:

1. Fe: creer en Dios y en lo que nos ha revelado.
2. Esperanza: poner nuestra confianza en las promesas de Cristo apoyándonos no en nuestras fuerzas sino en los regalos del Espíritu Santo (ese que se dice que actúa sobre nuestras facultades)
3. Caridad: es el amor cristiano que no consiste en un sentimiento o intuición sino en buscar el bien de los demás aún cuando el otro esté enemistado con nosotros o nos aburra o nos haga la vida un poco más difícil.

La fe es experiencial, es decir, es un conocimiento de Dios en la intimidad. Los que tienen fe gozan de Dios. No es un sentimiento, sino un conocimiento del espíritu que Dios nos concede para intimar con Él. Este conocimiento experimental de Dios tiene sus momentos privilegiados para manifestarse a las almas, en especial cuando se requiere de humildad y de un mayor desprendimiento de sí mismos.

Además, en realidad se trata de la voluntad, no del sentimiento, no es una cosa que se siente dentro. No, el sentir no parece parte de la fe sino parte de la emotividad. Y no depende tanto de mi voluntad el sentir o no sentir, ni tampoco de mi entendimiento. Sin embargo, en muchas ocasiones se considera que Dios puede conceder la gracia acompañar a la fe con un maravilloso sentimiento. Yo creo que cuando es así hay que estar muy agradecidos a Dios. Pero también es cierto que tenemos el testimonio de muchos santos y místicos con una fe impresionante acompañada de sequedad, de frialdad en lo que a sentimiento se refiere. No quiero decir que sean fríos con los demás, quiero decir que en su relación con Dios no sienten nada en su interior lo cual creo que hace más difícil el don de la fe.

Curioso, o sea que entiendo que la fe es una virtud, por lo que implica a nuestra voluntad, y a la vez un don de Dios que se nos regala… Al final parece que todo siempre lleva a la oración, para dar gracias a Dios por la fe y pedirle más fe… O igual me equivoco y lo he interpretado mal, claro.

Por cierto muchas partes de este post están sacados de aquí, del Catecismo, no los he puesto como citas para no recargar demasiado el texto.

Volkswagen ya tiene nuevo anuncio, claramente en continuación con el anterior, el del niño Darth Vader. El mensaje es claro, para pasar por la puerta estrecha nos aconsejan “sed sobrios y velad” (1Pe 5,8), no basta con estar tumbado en el sofá de casa. Al final parece que San Francisco tuvo un éxito insospechado en esto de predicar a los animales, quizá todadía haya esperanza para mí.

[youtube:http://www.youtube.com/watch?v=0-9EYFJ4Clo&feature=youtube_gdata_player%5D
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  1. Pues nunca me había hecho esa pregunta pero ahora -gracias a usted- estoy en condiciones de responder que sí: que la fe se mete como por un embudo.
    Un embudo es algo ancho por arriba y estrecho por abajo. Sirve para meter mucho por un agujero estrecho siempre y cuando el agujero estrecho esté abajo y lo mucho que hay que meter venga de arriba.
    Del cielo llueven muchas gracias pero nuestras cabezas -gracias a Dios- son prácticamente impermeables.
    Hace falta un embudo anchísimo por arriba y muy agudo por abajo para que no se pierda ni una gota de gracia y para que -a la larga- algo de ese tesoro recogido penetre por un poro microscópico a nuestras cabezas.
    A los locos los pintan tocados con un embudo al revés y creyéndose Napoleones porque, en efecto, el sombrero de Napoleón -como el de los racionalistas- parece un embudo al revés.

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