Qbstt

Cuando para ser cristiano basta con ser “buena gente” y otros estropicios a la Ley del Amor

In Listado de entradas on febrero 1, 2012 at 12:57

Tras el anuncio de que la pregonera de Semana Santa de Valladolid este año iba a ser Soraya, que no está casada por la Iglesia, el principal comentario que he escuchado es: pobre chica, que le dejen dar el discurso, no estará casada pero seguro que es muy buena gente.

Esto es algo que está muy de moda, me atrevería a decir que la mayoría de la gente en Occidente sostendría que siempre y cuando, en el fondo, seas una buena persona, no importa mucho en lo que creas. Y, como era de esperar, también es una idea que campa a sus anchas entre las filas católicas dando mucha importancia al ser-buena-gente y ninguna a lo que la Iglesia dice. Cosas de la crisis de fe en la que vivimos sumergidos…

Precisamente esta idea, según se dice aquí, puede ser rastreada en el tiempo como poco hasta el siglo XVIII, hasta Kant, quien sostuvo que la religión es fundamentalmente reducible a la ética. Resumiendo mucho vino a decir que cualquier forma de vida religiosa y la práctica de dogmas, rituales, liturgias, sacramentos, etc. valen simplemente para contribuir a elevar el comportamiento moral. En la medida que cumplan este propósito, son aceptables, pero en la medida que no contribuyan a la ética, se convierten en irrelevantes, incluso peligrosos.

Yo diría que en varios pasajes del Nuevo Testamento se nos advierte de los peligros de la separación de la Ley del Amor (amar a Dios Y al prójimo) y no sólo eso sino que Cristo mismo se identifica con aquellos que sufren dando a entender que las dos partes de la ley (Dios y prójimo) forman un todo indisoluble. Un ejemplo es la parábola del “creyente ateo” en la que Cristo se identifica con los que pasan hambre, sed, están desnudos, enfermos o en la cárcel. Otra que se me ocurre está en la primera epístola de Juan cuando dice «Si alguno dice: “Amo a Dios”, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve. Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano» (1 Jn 4, 20-21).

Si bien la interpretación de la ley no parece que vaya por el derrotero de amar mucho a Dios y pegarle la patada en el trasero al prójimo. En la misma dinámica tampoco parece adecuado quedarse con lo buena que es la Humanidad pegándole la patada en el trasero a Cristo. Ambas cosas van unidas y aunque raramente nos damos cuenta, la mayoría de las normas éticas que damos por supuestas están profundamente enraizadas en una doctrina muy concreta de las tradiciones judeocristianas. Cuando los dogmas son ignorados o declarados irrelevantes, las exigencias morales tarde o temprano se desvirtúan.

Cuando nos ponemos estupendos nos identificamos como “buenas personas”, tratamos a los demás con amor, cantamos las loas de la dignidad, la libertad y del valor inherente del resto de seres humanos. Y la mayoría estarían de acuerdo que la violación, la mentira, la infidelidad, el engaño o la violencia física son vistas como negaciones del amor. Y esto está muy bien, pero, ¿qué es el amor? Y aquí está el punto de la cuestión, pues bien entendido es el acto de querer y buscar el bien del otro, más que un sentimiento o un instinto. Es una donación radical de uno mismo, preocuparse por el bien del otro. Ser majete con otro para que nos devuelva el favor o tratar con justicia a otro para que el otro me trate con justicia no es amor pues estos actos son más bien cuestión de interes propio. El amor es romper con esa cosa que llevamos dentro que nos lleva a la auto-satisfacción, el egoísmo propio que nos lleva a evitar las cosas que nos desagradan para, superando todo eso (la muerte del propio egoísmo), llegar a la donación propia (resurrección y vida eterna).

Precisamente ese amor es una participación en el amor que es Dios. Dios no tiene necesidad de recibir nada de nadie, por eso sólo Dios puede existir por completo para el bien del otro, es la donación total y perfecta. Somos capaces de amar sólo en la medida en que recibimos, como una gracia, como una participación en la vida misma y la naturaleza de Dios. Pensemos en la dinámica, la forma de pensar y de actuar del Dios al que llamamos Amor: no espera a recibir mi amor para amarme, me amó primero creándome para que voluntariamente, si yo quiero, “imitando” su amor yo le ame después. Envió a Cristo para que muriese por nuestros pecados aún cuando nosotros ni siquiera se lo devolvimos: uno le traicionó, nadie le defendió en el juicio, otro le negó tres veces, otro no se creyó su resurrección y todos salieron corriendo porque total con ser buena gente vale, que eso de dar la vida es chungo… Él, desde su cruz no lo reprochó, ni siquiera pensó aquello de “joder qué tropa”, al contrario, amó hasta el final.

¿Por qué estamos convencidos de que los seres humanos están en posesión de derechos y dotados de dignidad y valores inherentes? Responder a esto supone un lío que se arman los acérrimos defensores del sólo-importa-que-sea-buena-persona y los ateístas. Estas convicciones están tan arraigadas en nosotros que se dan por supuestas y creo que es una gran verdad que no hay nada más difícil de explicar que lo que se dá por supuesto. Por eso nos olvidamos de lo peculiares que son estas consideraciones. Cada ser humano, con independencia de razas, educación, inteligencia, fuerza o logros es un sujeto de valor incalculable porque ha sido creado por Dios y destinado por Dios para la vida eterna. Ahí es ná. Saca fuera de la ecuación a Dios y la dignidad humana se desvanecerá como se desvanece en el aire un discurso glorioso contado a un panda de simios sin apenas evolucionar.

En la base de nuestras más profundas convicciones, conscientes de ello o no, está la teología, las verdades de fe. Y cuando la doctrina y la práctica que soporta la conciencia religiosa se desvanece, tal y como ocurre en el laicismo contemporáneo, las convicciones morales están en peligro y este es el punto importante en decir tan alegremente, tan frívolamente, “no importa en lo que creas, sólo importa ser buena persona”.

Por eso mismo, no rompas la Ley en dos, no pegues la patada al prójimo, pero tampoco a Cristo…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: