Qbstt

Amores ateos

In Listado de entradas on enero 11, 2012 at 17:04

Cualquier persona, creo, piensa que el amor es real, es algo que ahí está. No conozco a nadie que diga que es un mito o un espejismo. Y creo que un ateo también diría que el amor es real. Sin embargo hay una gran diferencia.

Cuando un ateo afirma que el amor es real, afirma que es una experiencia real. Y una experiencia importante en la vida. El amor es algo que vemos en el mundo, en todas las culturas y en nuestras relaciones cotidianas. Pero, ¿es el amor real más allá de una experiencia vivida? No, no lo cree, porque no puede si no cree en Dios.

Si no hay nada más que la realidad que vemos, el amor se explica del mismo modo que el resto de las cosas y aspectos de la vida. El amor no es realmente real. Simplemente parece real, ya que es una experiencia humana. Es una sensación bioquímica o una experiencia personal, o una cuestión adaptativa de la evolución que proviene de la antigüedad y que facilita el orden social. Y nada más.

Si creyese que el amor es así, que no es real. Haría del amor una cuestión bioquímica, pero ¿qué podría pensar su mujer cuando la abrace? ¿Qué es su trozo de masa bioquímica favorita? ¿El animal favorito de esa especie? ¿El artefacto adaptativo que promueve el orden social? No es por nada, pero suena un tanto enfermizo. Por no hablar de lo rápido que acabaría, maleta en ristre, plantado en el felpudo de su casa…

Si el amor es tan sólo una sensación, cuando alguien dice “te quiero”, ¿de verdad piensa que es un intento por mejorar la sociedad, o para evitar la lucha por la pareja sexual? ¿es el informe trimestral del estado interno de su maquinita de emociones?

Todo suena más a aburrida indiferencia que a amor. Para que el amor sea auténtico, verdadero, debe ser real. Y para que sea real no sólo ha de ser una cuestión química de nuestros cerebros, ni una especie de “engaño” del cerebro, sino que debe existir como “ser”. No es algo que se limita a un átomo en la cabeza de un animal. Este es el punto en el que el ateismo se encierra en una retórica abstracta, a pesar de negar la realidad del mismo.

No sólo es una sensación, es mucho más: es amor romántico, amor paterno, amor a la familia y amigos. Amor al pobre, al necesitado. El amor vence al sufrimiento y al rechazo, incluso a la muerte, nuestro deseo es muchas veces compartirlo. El amor, sin duda, es algo emocional, pero mucho más que eso. El amor es la experiencia más grande de todas las experiencias humanas. Nos encontramos con el amor, no sólo en grandes ocasiones, sino también en las pequeñas y cotidianas.

El amor es muy real. Y es inherente a cada ser humano, inherente a estar vivo. Y eliminar esa posibilidad de amar realmente es reducir nuestra dignidad como personas, reducir nuestra posibilidad de dar la vida por los demás, por la nobleza, el heroísmo… Sin amor todo se reduce a materia, a encerrarnos en nuestro egoísmo, nuestra propia supervivencia, la esclavitud a nuestras propias pasiones. Sólo queda un cascarón roto por el egoísmo y el interés propio. Sin la levadura del amor es imposible levantarse por encima de todo eso, sólo quedan cosas inertes.

El amor es la parte desconcertante de la vida de un ateo, es omnipresente, yo diría que incluso implacable en medio de un universo oscuro y sin sentido. Y conocer el amor, y admitir su realidad, es admitir a Dios, incluso aunque al principio no lo parezca.

Puede parecer tonto y muy ñoño decir que la cosa que justifica el sentido y existencia del universo sea el amor. Por eso resulta desconcertante en el mundo materialista. Porque es la prueba más obvia e inequívoca de Dios. Lo hace por su propia naturaleza, porque es la verdad común. En el fondo todos sabemos y vivimos sabiendo que el amor es real. Siempre sale del marco del pensamiento y del lenguaje del que cree sólo creer en lo material pues no se trata de un nuevo descubrimiento científico o de un planteamiento filosófico finamente hilado. Ese marco del pensamiento es como un gran tablero de ajedrez, el amor es como un jaque-mate tonto y rápido, que no te esperas en la larga lista de cosas que sabemos sobre lo material.

Ese amor que sentimos y vivimos tiene una perfección que reconocemos. Y esa perfección refleja la fuente, la causa, la encarnación de ese amor. De lo contrario, sólo sería una experiencia efímera emocional, un pensamiento pasajero, un impulso transitorio, como todo lo que experimentamos. Al igual que nuestro razonamiento debe tener una realidad que provoca un movimiento de nuestro universo sensorial, el amor debe tener una causa fuera del mundo físico. Pero si el amor tiene una realidad más allá del mero plano físico, biomecánico, más allá de nuestros sentidos y nuestras sensaciones, más allá de una realidad fenoménica que surge de la interacción de la actividad neuronal, entonces el amor es real en todos sus aspectos y efectos. Entonces sabemos cuál es la fuente del amor. Y es Dios.

Y cuando amamos, nos volvemos más como Él. Porque somos portadores de su imágen. Y cuando amamos tenemos una imágen más clara y más compleja de Él. Cuando amamos nos convertimos en sus mensajeros, le conocemos…

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  1. Sólo por amor una persona es capaz de subirse a una cruz, a su cruz-

    Un abrazo QBSTT.

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