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La disección del corazón del ser humano

In Listado de entradas on diciembre 20, 2011 at 09:56

En el discurso que fusilé en la entrada de ayer de Vlávac Hevel se comentaba lo siguiente:

Creo que la reciente crisis financiera y económica fue de gran importancia y en su esencia última era en realidad una señal muy edificante para el mundo contemporáneo.

La mayoría de los economistas se basó directamente o indirectamente en la idea de que el mundo, incluyendo la conducta humana, es más o menos comprensible, científicamente descriptible y por lo tanto, predecible. La economía de mercado y su marco jurídico por entero tenían en cuenta nuestro conocimiento acerca de cómo es el hombre y qué objetivos persigue, lo que era la lógica detrás de las acciones de los bancos o las empresas, lo que el público hace y lo que puede esperar de un individuo o comunidad en particular.

Y de repente nada de eso vale para nada. La irracionalidad nos miró de reojo desde todas las pantallas bursátiles. E incluso los economistas más fundamentalistas, quien – con acceso privilegiado a la verdad – tenían la inquebrantable convicción de que la mano invisible del mercado sabía lo que estaba haciendo, de repente tuvieron que admitir que habían sido tomados por sorpresa.

Es muy curioso porque es una de las cosas que más me llama la atención de la Iglesia. Llevados quizás por algún tipo de prejuicio o quizás por las modas de nuestro tiempo, creo que a veces no nos damos cuenta lo suficientemente bien de que la Iglesia es la que mejor conoce el corazón del ser humano tal y como es.

Mientras leo acerca de los ascetas Evagrio o Casiano que en algún texto moderno les llaman creo que con acierto los “psicólogos del desierto”. Se podría decir que cultivaron en cierto modo esa ciencia experimental no como un fin, sino como un medio para algo mucho más profundo. En su combate interior entre el bien y el mal no dudaban en utilizar de los recursos naturales que descubrían para avanzar en su disección del corazón humano. Sorprendente. Lo cierto es que parece que aunque eran ascetas no vivían exactamente sólos sino que también tenían sus ancianos o maestros que les ayudaban en esa profundización. Digamos que se apoyaban unos en otros tratando de descubrir la verdad. Y algo genial es que no ponían reparos en las fuentes que utilizaban para buscarla. Es decir, sabían quedarse con lo bueno de cada cosa y así se apoyan en Platón u otros filósofos griegos sacando lo bueno que hay en ello. Genial la Iglesia, pues a lo largo de la historia ha sabido discernir y quedarse en su búsqueda con lo de cierto y bueno que hay en cada cosa.

Cuando leo cosas de estos primeros padres me acuerdo de Santa Teresa de Lisieux, ella fue la que tuvo la audacia suficiente como para hablar de la “ciencia del amor”. Sin duda estos primeros padres fueron unos de los principales buscadores de esta “ciencia”. Y tenían por maestro al Maestro, a Cristo mismo.

A veces se oyen o leen burlas sobre la cierta complejidad de algunas verdades de fe de la Iglesia. Normal. Eso es porque son ciertas. La realidad muchas veces es compleja y las simplificaciones son eso, simplificaciones que a largo plazo entran en crisis cuando chocan con la realidad. Supongo que el mérito radica en explicarlas con la claridad y la sencillez adecuada.

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  1. Me llama la atención la cantidad de ajustes que podemos realizar, es prácticamente una versión de escritorio.

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