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¿Quién conoce a su dueño? ¿quién su pesebre?

In Listado de entradas on diciembre 9, 2011 at 23:33

Es curioso, el otro día oyendo hablar de la familia de Nazaret me paré a pensar en el nacimiento que puse en casa. Todos están sonriendo, hasta los camellos. Me parece simpático, aunque me parece que la realidad es mucho más complicada que todo eso. Por ejemplo cuando pienso en el proceso hasta que viene un nuevo ser humano a este mundo. Es un proceso peculiar en el que se mezclan muchas cosas: alegría, esperanza, temor, impaciencia, placer, dolor… No, la realidad no parece tan sencilla.

He encontrado una imagen mucho más interesante.

Es sorprendente la cantidad de elementos que hay en este icono. Me ha parecido casi como una catequesis de la Natividad. Por ejemplo el Niño aparece en la cueva sobre un sepulcro y recuerda a Lázaro. Ese Niño es desde siempre el que va a vencer a la muerte y al pecado.

Detrás están el buey y la mula. Es curioso porque por lo visto en los Evangelios no se habla de estos animales en este momento. Sin embargo Isaías dice:

 “Oíd, cielos; escucha, tierra, que habla Yahvé: «Hijos crié y saqué adelante, y ellos se rebelaron contra mí. Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo. Pero Israel no conoce, mi pueblo no discierne.»” (Is. 1, 2-3).

Curioso, el buey conoce quién es su dueño, el asno sabe cuál es su pesebre. Representan a aquellos que han reconocido quién es su Señor.

Otro que me llama la atención es cómo han pintado al pobre José. Digo pobre porque vaya una cara chuchurría que le han puesto al hombre. Está un tanto apartado y parece pensativo. Claro que con todo lo que le está pasando me imagino la lucha que debe tener. De hecho está mirando a una especie de pastor con un cayado que, según cuentan, no es tal sino que es  el diablo que suscita una tormenta de sentimientos encontrados en el interior de José. Ahí es ná.

Y a veces llaman a ese “pastor” con bastón, Tirso. Tirso era el nombre del bastón de Dionisio y sus sátiros. Es el racionalista el que habla cuando dice que de una vara seca no puede salir un nuevo retoño. Pero justo detrás de él se encuentra el árbol de la vida (el otro árbol “especial” que plantó Dios en el paraíso) y los animales con sus crías a los que alimenta un pastor, aunque quizá esta vez sea el disfraz de alguien bien distinto.

A la derecha de Jesús se encuentra recostada la Virgen. Hay quien dice que está triste. Yo no sabría asegurarlo, yo diría en cambio que está abrumada. Quizás abrumada por todo lo que la está pasando. Es curioso, pero la Virgen no mira al Niño, sino hacia el infinito custodiando y acogiendo en su corazón todo aquello que de extraordinario había acontecido en ella como dice Lc. 2,19.

Es curioso porque hace poco tocó la Palabra Mesías, Mesías significa “ungido”. Y, según el Dufour, en el Antiguo Testamento se aplicaba sobre todo al rey. El rey es “el ungido de Yahveh” y se le presenta como consagrado para guiar al pueblo de Israel. Así ocurrió por ejemplo con David 0 Salomón. Por lo visto “fue Natán quien fijó la esperanza de Israel en la dinastía de David”. Y después del destierro de Jerusalén (cuando se “acabaron” los reyes) comienza la referencia al Ungido futuro. En un sentido más amplio también se usaba “ungido” para designar a alguien con una misión relativa al designio de Dios y aunque los profetas no eran consagrados para su función, sin embargo Elías recibe la orden de “ungir a Eliseo como profeta en su lugar”. Por otro lado, tras el exilio, ya no hay reyes y parece que el peso de la guía de Israel cae en manos del sumo sacerdote y es entonces cuando se le confiere la unción a los sacerdotes. Curioso, entonces, ¿cómo “tenía que ser” el Ungido?

Es curioso porque tal como dice el texto de Isaías al respecto del buey y la mula, los israelitas no identificaron a Jesús con el Mesías. Pero ahí está la Virgen, parece que la Virgen acogía lo que veía en su corazón y no juzgaba su historia. Parece que la Virgen acogía a Jesús, al Mesías, con sencillez, tal cual era.

Viendo todo esto creo que entiendo lo fácil que es perderse y seguir mi propia idea de lo que es o de lo que “tiene que ser” Cristo o de lo que yo deseo que sea… en lugar de seguir a Cristo tal cual es. La respuesta es María…

Tiene razón el canto cuando dice de María: columna de amor, tu sujetas el cielo de nuestra débil fe… Madre llena de Dios.

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