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¿Cuánta música puedes hacer?

In Listado de entradas on octubre 13, 2011 at 12:06

Traduzco de este artículo del Houston Chronicle. Traduzco la primera parte:

El 18 de Noviembre de 1995, el violinista Itzhak Perlman entró al escenario para dar un concierto en el Avery Fisher Hall, en el Lincoln Center de Nueva York.

Si alguna vez has asistido a un concierto de Perlman, sabrás que el simple hecho de entrar en el escenario no es un logro menor para él. Siendo niño tuvo polio, y hoy se desplaza trabajosamente con muletas y unos refuerzos ortopédicos en ambas piernas. Verlo atravesar el escenario lentamente, es sobrecogedor. Camina penosamente pero con dignidad hasta llegar a su silla. Entonces se sienta lentamente, coloca sus muletas en el suelo, afloja sus refuerzos ortopédicos, recoge un pié hacia atrás, y extiende el otro hacia adelante. Luego se inclina y toma su violín, lo acomoda bajo su mentón, asiente con la cabeza al director, y comienza a tocar.

A estas alturas, la audiencia está acostumbrada a este ritual. Todos observan en silencio mientras él se desplaza hasta su silla. Permanecen sentados en respetuoso silencio mientras él afloja sus refuerzos, y lo esperan hasta que comienza a tocar.

Pero en esta ocasión, algo salió mal.Justo cuando concluían los primeros compases, una de las cuerdas de su violín se rompió y salió disparada como un látigo por la platea. No había dudas de lo que significaba ese chasquido. Tampoco había dudas de lo que Itzhak tendría que hacer.

Las personas que estaban allí esa noche pensaron: “Nos dimos cuenta de que tendría que levantarse, ajustarse los refuerzos nuevamente, recoger las muletas y retirarse del escenario – ya sea para conseguir otro violín, o para cambiar la cuerda rota.

Pero no lo hizo. En su lugar, esperó un momento, cerró los ojos, y le dió la señal al director para que comenzara de nuevo. La orquesta comenzo a tocar, y él lo retomó donde se había parado. Y tocó con tal fuerza y pasión y con tal pureza como nunca antes lo había hecho.

Por supuesto, cualquiera sabe que es imposible tocar una obra sinfónica con sólo tres cuerdas. Lo se yo y lo sabés tú. Pero esa noche, Itzhak Perlman se negó a saberlo. Se lo podía ver modulando, cambiando, recomponiendo la pieza en su cabeza. En un momento, sonaba como si estuviera cambiando la afinación de las cuerdas para lograr sacarles nuevos sonidos que nunca antes habían emitido.

Cuando terminó, hubo un silencio absoluto. Entonces el público se puso de pie y hubo una ovación extraordinaria desde cada rincón de la sala. Todos lo aclamábamos a viva voz, y haciendo todo lo que podíamos hacer para expresarle cuánto apreciábamos lo que había hecho.

El sonrió, se secó el sudor de la frente, levantó su arco para pedir silencio, y dijo – modestamente, en un tono tranquilo, casi reverente – “Sabéis que a veces, es tarea del artista descubrir cuánta música aún se puede hacer con lo que a uno le queda.

Es la parábola de los talentos… Visto desde otro punto de vista, para Dios no hay nadie que “sobre”, todos somos preciosos, todos tenemos nuestra misión aunque muchas veces no entendamos Sus planes.

Dios es Amor

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  1. Amable don QBSTT: Amén a eso de que “Dios es Amor”. Por amor de Dios le pido que siga interesándose en el debate con el amable don Dams. Yo me encuentro muy solo cuando discuto con los sabios sobre la chapuza a la que ellos llaman “Creación”. Espero mucho de usted. No me defraude diciéndome que eso es porque nos conocemos poquísimo.

  2. Amable don QBSTT: Si usted es vanidoso -cosa no imposible- se sentirá muy halagado al saber que don Dams ha escrito en mi maravilloso blog que usted NO es un mal contrincante. Pero permítame un consejo: no se deje llevar por la vanidad hasta pensar que lo que don Dams ha dicho es que usted es un BUEN contrincante. (Je, je, he dicho “contrincante” dos veces). Lo que don Dams ha dicho es lo que yo he dicho que ha dicho y no lo que usted -vanidosamente- ha pensado. En fin que si usted y don Dams se toman unas cañas y se aclaran con lo del Big Bang y nos lo cuentan luego yo me pasaré la vida dando gracias a Dios y, como no tengo abuela, cuando cuente el milagro de un entendimiento imposible no dejaré de decir que fue en mi maravilloso blog donde se fraguó una amistad que acabó en cañas. ¡He dicho!

  3. Por amor a la humildad que todavía no he conseguido -aunque poco me falta- añadiré -cuando ustedes dos se entiendan y nos lo expliquen- que el mérito fue de ustedes. Me dolerá decirlo, pero, si Dios quiere, lo diré. Y entonces ustedes dirán: ¡qué humilde! Y yo replicaré: ¡Bah!

  4. jajajaja, bueno, ya le respondí en su blog acerca de mi vanidad y mi soberbia cuyo máximo exponente es mi falsa modestia (estamos trabajando en ello, disculpen las molestias). Lo de las cañas le aseguro que no me importaría, seguro que tendría una gran oportunidad de aprender muchas cosas nuevas del señor Dams y seguro que me pondría en más de un aprieto en una discusión acerca del comienzo del universo.

    Lo del entendimiento no lo sé. Lo de la amistad no veo por qué no… 😉

  5. Para poner a alguien en un aprieto hablando de un universo que, al parecer, comenzó apretadísimo, no hace falta mucho. Los que hablan del origen del universo como si estuviera todo más claro que el agua son los que suelen ahogarse. Y usted sabe mejor que yo que Dios aprieta pero no ahoga. Así que, amigo mío -si no le importa que lo llame así- siga estudiando como lo hace -o más si cabe- y siga alegrándonos la vida con su buen humor y con su enormísima amabilidad y con esa ciencia que hace de usted un contrincante BUENÏSIMO del amable don Dams.

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