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La amarga confesión de Picasso

In Listado de entradas on octubre 7, 2011 at 14:01

Me han pasado (por cierto, muchas gracias!!!) la “amarga confesión” de Picasso, la escribo aquí:

Una amarga confesión.

Texto íntegro de las declaraciones hechas por Pablo Picasso a la revista de L´ Association Populaite des Amis de Musées, “Le Musée vivant” nº 17-18 del año 1963.

“Cuando yo era joven, igual que todos los jóvenes, tuve la religión del arte, del gran arte; pero con el correr de los años me he dedo cuenta de que el arte, tal y como se lo concebía hasta finales de 1800, está ya acabado, moribundo, condenado, y que la pretendida actividad artística, con todo su florecimiento, no es más que la manifestación multiforme de su agonía. Los hombres se apartan, se desinteresan cada vez más de la pintura, de la escultura, de la poesía; aparte de las apariencias contrarias, los hombres de hoy tienen puesto su corazón en otra cosa muy distinta: las máquinas, los descubrimientos científicos, la riqueza, el dominio de las fuerzas naturales, y de todos lo territorios del mundo. Nosotros ya no sentimos el arte como una necesidad vital, una necesidad espiritual, como era el caso de los siglos pasados.

Muchos de entre nosotros siguen siendo artistas y ocupándose del arte por unas razones que tienen muy poco que ver con el verdadero arte, sino por espíritu de imitación, por nostalgia de la tradición, por inercia, por el gusto de la ostentación, del lujo, de la curiosidad intelectual, por moda o por cálculo. Viven todavía por costumbre y por esnobismo, en un reciente pasado, pero la gran mayoría de ellos, en todos los medios, no tienen ya una pasión sincera por el arte, al cual consideran, todo lo más, como una diversión, un ocio y ornamento.

Las nuevas generaciones, amantes de la mecánica y del deporte, más sinceras, más cínicas y brutales, irán dejando el arte, poco a poco, relegado a los museos y las bibliotecas, como una incomprensible e inútil reliquia del pasado. En el momento en que el arte ya no es alimento de los mejores, el artista puede exteriorizar su talento en toda clase de tentativas de nuevas fórmulas, en todos los caprichos y fantasías, en todos los expedientes de la charlatanería intelectual. El pueblo ya no busca ni consuelo ni exaltación en las artes. Y los refinados, los ricos, los ociosos, los destiladores de quintaesencias, buscan lo nuevo, lo extraordinario, lo original, lo extravagante, lo escandaloso. Por mi parte, desde el “cubismo” y más lejos aún, he contentado a esos señores y a esos críticos con las múltiples extravagancias que me han venido a la cabeza, y cuanto menos las han comprendido, más las han admirado. A fuerza de divertirme con todos esos juegos, con todas esas paparruchas, esos rompecabezas, acertijos y arabescos, me hice célebre rápidamente. Y la celebridad significa para un pintor: ventas, ganancias, fortuna, riqueza.

En la actualidad, como sabéis, soy célebre y muy rico. Pero cuando estoy a solas conmigo mismo, no tengo el valor de considerarme artista en el sentido grande y antiguo de la palabra.

Ha habido grandes pintores como Giotto, Tiziano, Rembrandt y Goya. Yo no soy más que un bufón público que ha comprendido su tiempo. La mía es una amarga confesión, más dolorosa de lo que pueda parecer, pero que tiene el mérito de ser sincera”.

Y para que no haya malentendidos, no lo escribo a modo de crítica a Picasso, ni mucho menos.

Sin embargo, parece que en los siglos pasados el arte era “una necesidad vital, una necesidad espiritual”, todavía existían, unidas a la Belleza que se pretendía expresar con el arte, la Verdad y la Bondad. Las cuales parece que hemos ido desterrando de nuestras vidas. Casi se trata como a un fundamentalista a quien cree que esa Verdad existe. Sólo es moralmente permitido quien considera que cada uno tiene su verdad. Y a veces parece que se mezcla todo, la meditación con la merienda y el yoga con el yogur. Vaya un yermo de indiferencia.

Lo curioso es que la existencia de la Verdad parece que va asociada implícitamente a la esperanza: la Verdad existe independientemente de que creamos en ella o no, ¿la redescubriremos?

Me resulta significativo cuando en el evangelio de San Juan se dice:

“Pilato le preguntó: «¿Qué es la verdad?». Al decir esto, salió nuevamente a donde estaban los judíos y les dijo: «Yo no encuentro en él ningún motivo para condenarlo.”

Es significativo, porque aunque la pregunta tiene enjundia, no aparece ninguna respuesta. Sólo la pregunta. No sé si será porque Jesús no respondía a sus preguntas, pero tal y cómo está escrito lo que parece es que Pilato tampoco se detiene a escuchar nada, aunque sea un silencio o una imágen…

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