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Una vista del bosque

In Listado de entradas on septiembre 24, 2011 at 09:27

He estado releyendo el cuento de Flannery O’Connor: “Una vista del bosque”. El cuento comienza con una escena familiar: un abuelo y una nieta que es –una pequeña réplica… del viejo– comparten las mañanas observando una máquina excavadora, esta imágen anticipa el conflicto. La máquina abre y cierra el cuento. La niña es la preferida del abuelo frente al resto de la familia a la que despreciaba. El abuelo profesa la fe en el progreso, es expresión del “hombre que miraba hacia el futuro”. Esto lo impulsa a poner en venta una parcela del terreno, en la que juegan los niños, para instalar una estación de servicios. Su nieta, a raíz de la decisión, le entabla una guerra silenciosa. La primera manifestación del conflicto es la omisión de las costumbres que los unen: no le habla, no lo despierta por las mañanas, no acepta su dinero.

Siempre que comento algo de Flannery es precisamente que me resulta complicado interpretarlo. Curiosamente el gran argumento de la niña es que si la parcela de terreno la estación de servicios que ocuparía su lugar le impedirá ver el bosque. He encontrado una carta de Flannery donde expone que el bosque en estos cuentos es la imágen de Cristo!!! Y esto le da un sentido nuevo a la cosa:

“La tercera vez que se levantó para contemplar el bosque, eran casi las seis y los descarnados troncos parecían surgir de una fuente de luz roja que manaba del sol casi oculto tras ellos.”

Troncos descarnados, luz roja, sol casi oculto tras ellos… ¿no podría ser la imágen de Cristo crucificado?

Visto así, mientras que la niña observaba el bosque como algo necesario, tenía una experiencia personal, una relación con aquel bosque. El abuelo se lo plantea y aunque puede observar el misterio, está fascinado por la idea del progreso, cegado por el materialismo:

“El viejo estuvo un rato con la mirada fija, como si por un largo instante se hubiera visto sorprendido por el fragor de todo lo que llevaba al futuro y lo retuvieran allí envuelto en un misterio incómodo que antes no había comprendido. Era, en su alucinación, como si alguien estuviera herido detrás del bosque y los árboles chorrearan sangre. […] Unos minutos después, esta impresión desagradable quedó rota por la presencia de la camioneta de Pitts, que se paró con un chirrido debajo de su ventana.”

La grandeza de los personajes que pinta Flannery es parecen estar a cada instante a punto de realizar cualquier acción. No son planos o lineales precisamente porque son humanos. Para mi gusto esta lectura rompe con prejuicios y con falsas ideas maniqueas de buenos y malos. Los seres humanos son… seres humanos. Rompe esas trincheras de forma que en cualquiera de nosotros podemos ver tanto al abuelo y su experiencia breve del misterio roto por los ídolos que a veces nos hacemos como la experiencia trascendente de la niña y su aversión a abandonar la relación personal con Cristo. En cierta forma esta exageración me hace pensar que hace que podamos observar de una forma clara ese gran misterio que es la libertad, para bien o para mal. Y no todo es obvio, la complejidad de sus personajes, deja entrever que las apariencias pueden engañar, es en definitiva una invitación a no juzgar al hermano pues la única alma que conocemos es la nuestra y a veces ni eso…

El final, totalmente inesperado, culmina en clara oposición al principio, el abuelo se encuentra solo frente a un paisaje desolado en el que la única presencia es la máquina, “”un enorme monstruo amarillo, tan inmóvil como él, que, a su lado se zampaba la arcilla…””. En cierta forma es la imágen de quien trata de construir la sociedad al margen de Dios. Cuando Cristo está entre nosotros se puede dar el amor. Y lo contrario cuando lo queremos apartar, nos queda la soledad -aún cuando estemos rodeados físicamente de gente-. El hombre puede poner su centro donde el Centro está pero, ¿cómo saber cuál es ese centro si todo es relativo? Nos perderemos. Es la imágen del final, por ejemplo, del Nazismo o del Comunismo tras su búsqueda del progreso, de paraíso en la Tierra, tras la supresión de todo vestigio de Dios, no sólo el hombre quedó aniquilado y destruido sino incluso también la naturaleza.

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  1. Interesante. Soledad y mas soledad.
    🙂

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