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Eran los únicos que cantaban acompasadamente

In En la Iglesia, Listado de entradas, Literatura, Razones para la fe on septiembre 6, 2011 at 08:30

Vio la franja como un enorme puente oscilante que surgía de la tierra y atravesaba un campo de fuego vivo. Por ese puente una horda de almas ascendía con paso lento hasta el cielo. Había batallones enteros de gentuza blanca, limpios por primera vez en su vida, y grupos de negros con túnicas blancas, y legiones de lisiados y de locos que gritaban y daban palmas y saltaban como ranas. Y al final de la procesión había una tribu de gente que reconoció en el acto: eran aquellos que, igual que ella y Claud, siempre habían tenido un poquito de todo y suficiente juicio para usarlo bien. Se inclinó hacia delante para observarlos mejor. Desfilaban detrás de los demás con una gran dignidad, responsables, pues siempre se habían distinguido por ser personas de orden y por su sentido común y por su comportamiento respetable. Eran los únicos que cantaban acompasadamente. Sin embargo, podía advertir en sus rostros atónitos que incluso sus virtudes estaban siendo consumidas…

Revelación. Flannery O’Connor

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