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Donde abundó el pecado

In Cuentos y relatos, En la Iglesia, Listado de entradas, Razones para la fe on septiembre 1, 2011 at 07:41

… puedo ser un alcohólico, un drogadicto, vivir sólo de noche estando tirado durante el día en una negrura más negra que esas noches, podré vivir en la peor de las soledades, podré estar tirado al borde del camino a ninguna parte, pero sé algo a lo que me puedo aferrar, una via de llanto y salvación, algo para algunos tan ridículo y despreciable como yo mismo. Es saber que soy oveja. Sí, oveja. No tanto por oveja como por saber que tengo Pastor. El mejor Pastor de todos.

Incluso podré llegar a despreciarme tanto que me repugne, que me dé asco. Asco de mí mismo. Entonces pienso en Él, en su via hacia la Cruz y en las palabras del profeta: ¿ante Quien se vuelve el rostro? Ese rostro desfigurado, horrible, machacado del único que nos Amó. ¿Quién mejor puede comprender aquella desfiguración que el último y más desfigurado? ¿quien puede ver más allá de los golpes y maltratos en Su rostro para contemplar Su mirada?

¡Qué dulce es la mirada del Pastor!

Y en la Vigilia Pascual, cuando Cristo vuelve con el rostro luminoso y radiante como una llama podré gritar con más alegría que nadie ¡oh feliz culpa, que mereció tan grande Redentor!

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