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En la tormenta

In Listado de entradas, Razones para la fe on agosto 8, 2011 at 16:02

Esta mañana estaba escuchando por la radio las noticias y han dicho que se cumple 15 años desde la riada en el camping de Biescas. Ay, cuanto tiempo hacía que no oía hablar de eso! Un camping en la montaña, en los Pirineos, había una torrentera seca al lado del camping y antes del camping había un puente que la cruzaba. Cayó una tromba de agua tal que arrastró por la torrentera troncos, ramas y piedras enormes de forma que el ojo del puente quedó taponado. Se embalsó una cantidad enorme de agua hasta que el puente cedió, se rompió y arrasó el camping arrastrando todo el material por encima del mismo. Murieron 87 personas. Fue tal la abalancha de agua y rocas que a su paso arrancó de cuajo el asfalto de la carretera nacional que pasaba al lado…

Yo de aquella tenía 12 años y estaba allí con mis padres. Acampamos en ese camping tres días antes de la tragedia y pensábamos quedarnos toda esa semana. Dos días antes de la fecha de la riada habíamos hecho una excursión a Lourdes, que no queda muy lejos de allí. Cogimos agua y llenamos una de esas típicas botellitas de plástico que venden con forma de Virgen María para mi abuela. Me impresionó ver mucha gente inválida haciendo cola para entrar en una especie de galería. Mi madre me dijo que querían bañarse en el agua de allí porque tenían la esperanza de curarse por un milagro.

El día siguiente teníamos pensado hacer una excursión al Parque Nacional de Ordesa con el coche. Sin embargo a la entrada de la carretera del parque nos paró la Guardia Civil y nos dijo que habían cortado la carretera por no sé qué problemas. Creo que era porque había habido un desprendimiento de una ladera en la carretera.

En ese momento mi padre decidió tomar una carretera cualquiera para hacer una excursión alternativa. Y llegamos al valle de la Pineta. Curioso. Vimos que había una zona de acampada que nos encantó, era preciosa y estaba al lado del río. Allí paramos a dar una vuelta. Uno de los arroyuelos afluentes del río tenía una pequeña cascada y tras ella había un arco bastante grande de hielo que se mantenía desde el invierno. Era un nevero de esos que quedan por los Pirineos como recuerdo de épocas más frías. No sé exactamente si era muy grande o yo muy pequeño, pero lo recuerdo enorme, y más siendo verano. Yo iba con mi padre y le pedí que nos acercáramos al arco para hacernos una foto. Cuando estábamos cerca un señor vestido con su ropa de montaña, su bota de vino y su bastón que estaba por allí nos aconsejó que no nos metiéramos debajo. Hacía unos años una familia en verano se metió debajo del arco y la parte superior se rompió y se les cayó encima, y a la mujer se le había partido la columna. Yo me llevé bastante susto con la historia así que mi padre propuso hacernos la foto a una distancia prudencial. Curiosamente luego he vuelto a ese sitio y resulta que el hombre aquel que nos avisó era el cura del pueblo.

Tanto nos gustó el sitio aquel que le propusimos a mi padre salir del camping para ir a acampar el resto del tiempo allí. A él también le gustó la idea así que al día siguiente horas antes de la tromba de agua recogimos la tienda y la cambiamos a aquel sitio. Aquella noche cayó todo el agua del mundo, mi padre cuando empezó a llover salió de la tienda con el chubasquero y una azada pequeña e hizo un surco alrededor de la tienda para que el agua no entrase dentro y canalizarla a otro lugar más bajo. Por suerte tuvo la precaución de acampar en un lugar algo elevado y relativamente lejos del río. Aún así durmió poco esa noche, se quedó a la puerta de la tienda con una linterna observando el agua. Yo me desperté por la noche y asomé la cabeza. Llovía a lo bestia, recuerdo que me parecía divertido. Se oían a lo lejos los truenos. Me encantan las tormentas, dentro de una tienda de campaña el agua que cae hace un ruido considerable. Me llamó la atención que mi padre estuviese preocupado. Tampoco era la primera vez que habíamos acampado con tormenta. Y me explicó que al estar en un valle el nivel del río estaba subiendo. Si llovía mucho más podría arrastrar la tienda. Me explicó que si pasaba eso dejaríamos allí la tienda, nos pondríamos las botas y el chubasquero y subiríamos por la ladera del valle por un caminito que había al lado. No sé si me lo tomé muy en serio así que me volví a quedar dormido. Cuando amanecí ya no había tanta agua y el sol brillaba. Siempre me ha parecido que cuando amaneces en la montaña después de una tormenta es como si hubiesen hecho el paisaje de nuevo. Igual, pero más brillante que antes. Pasamos aquel día tan tranquilos sin recordar la tormenta para nada.

Al día siguiente fuimos al pueblo a comprar comida. Cuando estábamos en la tienda mi padre oyó en la radio de la tienda que el rey estaba en Biescas y le preguntó a la mujerzuca el motivo. La mujer abrió mucho los ojos sorprendida y le explicó que había muerto mucha gente en el camping por la riada.

Curioso. De aquella prácticamente nadie tenía teléfono móvil todavía, nosotros tampoco, y fuimos a la cabina del pueblo a llamar a mis familiares. Los pobres se habían llevado un susto de muerte y habían llamado a todos los hospitales y a la Guardia Civil. Estaban a punto de salir con el coche hacia allí para buscarnos…

Luego recordamos a la familia que teníamos acampada al lado en el camping. Tenían dos niñas pequeñitas. Luego supimos que todos murieron.

Recordar esto me hace sentir más pequeño, más débil. Parece que vivo como si todo lo pudiese… Sin embargo en un instante, en un pestañear de ojos la Naturaleza se desboca con una fuerza colosal recordándonos nuestra fragilidad. Puede parecer duro y yo diría que cuanto más lejos de Dios se viva más duro parece. Incluso cruel, brutal. Pero el Señor tiene un plan también para mí y si aquella carretera no hubiese estado cortada qué distinto hubiese sido todo.

Recordar esto me llama a la humildad.

Pero estoy convencido de que incluso en los acontecimientos que más nos escandalizan algún día podremos volver la vista atrás, ver nuestra vida entera y apreciar el Amor de Dios. Ver lo preciosa que ha hecho nuestra vida.

Este es el valle de la Pineta. Precioso:

 

  

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  1. La vida es lo mas bonito y bello. Mucho mas cuando se ha pasado por una situacion asi. Disfrutala y ofrecete al mundo para que todos podamos apreciar ese Don.

    Gran blog, muy interesante.

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