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El santo viaje

In Cuentos y relatos, Listado de entradas on julio 12, 2011 at 09:07

Sin mover un sólo músculo del resto del cuerpo abrió los ojos. En seguida se acordó dolorosamente de la fiesta de ayer. Se sentió avergonzada, ¿qué argumentos tengo? ¿cómo puedo estar segura? Ellos no creían y ella… sí, ¿no? Pero le pidieron pruebas objetivas y palpables. Ciencia y nada más. ¿qué podía saber ella? Se puso a la defensiva y no supo contestar, intentó escabuirse de aquella conversación como pudo pero sus burlas la herían. Se sentía sola.

Allí tumbada sin hacer otra cosa se puso a pensar. ¿No sería todo un prejuicio? ¿Qué cosas doy por supuestas sin tener pruebas, sin tener una certeza? Y tomó la determinación de sacarlas de allí, se levantó, buscó una pala, salió y empezó a cavar. ¿Cómo puedo saber que Dios existe? ¿acaso tengo una prueba, una sóla? ¿dónde está? Si ama a sus criaturas ¿por qué existe el sufrimiento? No tiene sentido, no tiene sentido. ¿Por qué sé lo que sé? ¿Cómo sé que Cristo resucitó realmente? Nadie me lo ha demostrado. De pequeña me lo dijeron y yo me lo creí. Pero, ¿qué hay detrás de todo eso? Ufff, la excavación será dolorosa.

Así sigió cavando atormentada por sus propias preguntas, por sus dudas. Quizás dolorosas, pero había algo que la hacía sentir obligada a cavar ¿qué era aquello? No lo sabía. Por un instante se sintió desfallecer. Había cavado y allí no había nada. Aquello era un pozo reseco. No había nada. ¿qué sentido tiene mi vida? Vengo de la nada y a la nada voy. Soy como un pájaro en una noche oscura de tormenta, a merced de los vientos, el frío y la lluvia. El viento ha abierto la ventana de un palacio y me ha empujado dentro. Dentro había una luz tenue, estaba la chimenea encendida y hacía calor. Revolotée dentro de la estancia asustada y emocionada. Me sentí un rato confortada hasta que inexorablemente el viento me volvió a empujar hacia el frío y la lluvia. ¿Es esto mi vida?

La gente pasaba al lado de la excavación. La mayoría no se fijaba en ella, ni siquiera la miraban. Sólo algunos la miraban y su rostro reflejaba temor, pero nunca dijeron nada. Más tarde entendió que este pozo que yo había excabado tenía la fúnebre forma de una fosa. Y ella yacía allí dentro. ¿por qué no la dijeron nada?

Pero esa fuerza dentro de ella volvió a brotar y quiso seguir excavando. Palada tras palada se planteaba. Unos no son mejores que otros. ¿Qué es lo importante en la vida? ¿Por qué todos nos consideramos iguales? ¿Por qué hay cosas que me parecen buenas y otras horribles? ¿acaso no soy libre? ¿quién dicta qué es lo bueno y qué lo malo? ¿quien debe dictar las normas que mi conciencia debe seguir? Palada tras palada aquel horrible hueco comenzó a ser más profundo. Era una pequeña sima de la que no sabía, no podía y no quería salir. Pero comenzó a fijarse en aquella tierra, no era como la del principio. Ya no estaba dispuesta a renunciar fácilmente a aquella, a lanzarla fuera del pozo. La cogió y la apretó entre sus manos y sintió que estaba húmeda. ¿Cómo es posible? ¿¡Intuición!? ¿acaso es fuente de conocimiento? Alguien la gritó desde el borde del pozo: ¡Ánimo, ánimo! ¡Es posible encontrar agua! Y es el agua el que da la Vida, el que transformará tu tumba en un manantial. Y lo que antes me parecía un sinsentido en aquel punto se transformó en posibilidad, ¿será posible? Tiró la pala y se arrodilló. Con sus manos desnudas hizo un pequeño hueco en el fondo de aquella tierra húmeda y el agua brotó a borbotones…

Se empapó de aquel agua y lloró. Sus lágrimas eran de pura felicidad y se mezclaban con aquel agua. ¡Esto sí era vivir! Aunque por un momento sintió temor ¿y si hubiese renunciado en la mitad del camino? ¿y si se hubiese quedado sin fuerzas una vez había excavado aquel pozo reseco? ¡se habría quedado allí muerta y tras haber excavado su propia fosa! De pronto comprendió: aquel impulso que sintió de seguir y seguir hasta el final. Aquello no había venido de ella, ella sólo habiá dicho: sí.

De pronto se sobresaltó, su cuerpo se contrajo involuntariamente y abrió los ojos. Estaba todavía en la cama. Todo había sido un sueño, pero sabía que era cierto. ¡Qué dulce! Él la amaba.

.

¡Qué amables son tus moradas!

Que amables son tus moradas señor
Señor de los ejercitos
mi alma ansia y anhela los atrios del Señor.

Hasta el pájaro encuentra una casa,
la golondrina su nido,
junto a tus altares, Señor,
Rey mio y Dios mio

DICHOSOS LOS QUE VIVEN EN TU CASA
SIEMPRE CANTAN TUS AMORES
SIEMPRE CANTAN TUS AMORES.

DICHOSO EL QUE ENCUENTRA EN TI LA FUERZA
Y EN SU CORAZON DECIDE
EL SANTO VIAJE.

Pasando por el valle del llanto,
Él lo cambia EN BENDICION
CRECE EN EL CAMINO SU VIGOR
HASTA LLEGAR A SION
HASTA LLEGAR A SION.

Mejor es un dia en tus atrios
que mil fuera de ellos
QUE MIL FUERA DE ELLOS
porque estar en el umbral de tu casa
es siempre mejor
QUE HABITAR EN LOS PALACIOS.

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