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Malvado sainete políticamente correcto

In Listado de entradas on julio 11, 2011 at 09:33

Lo que me han hecho es de una crueldad extrema. Definitivamente no hay derecho a que a uno le traten así. ¿Por qué a mí? Si, lo que oyes, me han regalado un caballete chulísimo. Si hombre, uno de esos trípodes que se usan para sujetar el lienzo cuando pintas. ¡Oh mundo cruel! ¡Oh, triste desventura! Vivo uno de esos momentos mi-vida-es-un-erial de Bécquer: “mi vida es un erial, flor que toco se deshoja, y en mi camino fatal, alguien va sembrando el mal, para que yo lo recoja.” Así, todo seguido como un largo mantra. ¿Qué exagero? Oye oye, pero tú quién te has creido!!!

Yo antes molaba. Pintaba sobre una mesa con un soporte hecho con dos listones de madera. Así, tó cutre cutre. De modo que yo era un pintor pobre pobre, ¡pobre pintor! Y a la gente le gustaban más mis cuadros. Quizá porque eran fruto de la desgracia ajena. Fruto de la miseria irredenta. ¿Y ahora? Ahora tengo un caballete de doscientos leuros. ¿Pero esto qué es? Me miro al espejo y parezco un vulgar pintor marca ElCorteInglés. Pero, ¿es que no se han dado cuenta de que tengo una imágen que mantener? Y lo triste es que para más desgracia el dichoso caballete me encanta y es mucho más práctico y cómodo… ¿qué hacer? Estoy tentado de venderlo por Ebay a ver si saco al menos unos ciento cincuenta pobres eurillos. Ay, pero es que es tán cómodo. Pero, ¿y si la gente lo vé y piensan que me he aburguesado? No, no lo puedo permitir. Yo siempre he mantenido uno de los lifestyles más cotizados: el del burgués con aspecto pobre y bohemio. Pues si en los años más duros del Siglo de Oro los hidalgos pobres y bohemios presumían de nobleza y de ser profundamente espirituales. Al ser yo tan moderno, ¿no he de aparentar lo contrario? ¿no he de aparentar ser pobre y bohemio y presumir de ser profundamente materialista? Y ese fatídico día en que la poesía murió me llamaron perroflauta o titiritero…

Ah, ya sé lo que haré. Pintaré con el caballete nuevo y cuando tenga visitas volveré a poner el lienzo en mi antiguo lugar de trabajo. Plegaré el caballete nuevo y lo esconderé. Y si me preguntan por el caballete nuevo les diré que tuve que cambiarlo por un plato de lentejas un gélido día de agosto en el que no tenía nada que llevarme a la boca. Sí, eso haré. Ja ja ja ja (risas malvadas)

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