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La cadena de la fe

In En la Iglesia, Listado de entradas on julio 4, 2011 at 11:32

El otro día tuve una charla con una señora de esas que a uno le hacen pensar. Una de esas conversaciones pausadas mientras hacía tiempo en la puerta de la iglesia. Resumiendo, me comentaba la buena mujer que sus padres habían sido gente con mucha fe y que a ella le habían transmitido esa fe que ella había mantenido. Para ella era muy importante. Y, según me dijo ella había hecho con sus dos hijos lo mismo que hicieron sus padres con ella. Luego sus hijos cuando fueron mayores abandonaron la práctica religiosa. Y ella tampoco le dio demasiada importancia pues ya eran mayores. Sin embargo, cuando nacieron sus nietos no quisieron bautizarlos. Aquí se preocupó un poco más aunque no logró convencerles pues argumentaban que si querían ya pedirían el bautismo cuando fueran mayores. A ella le dolió mucho pero tenía la esperanza de poder transmitirles ella misma la fe que sus padres no tenían. Además estaba un tanto confiada porque los niños iban a clase de religión. Sin embargo la acababan de decir que el año que viene iban a cambiar a los niños a ética porque les parecía más coherente con sus propias convicciones. Aquí fue cuando la mujer, la pobre abuela se puso a llorar…

Aunque lo que me contó tampoco me pareció nada extraño me impresionó mucho verla llorar, jamás había visto a nadie tan dolido por algo así, aunque entiendo que no sea para menos. Reconozco mi incapacidad absoluta para saber qué decir en situaciones así de modo que le dí ánimos como buenamente supe. Mientras se secaba las lágrimas decía: “bah, no te preocupes, soy toda una abuela misionera.” Luego me preguntó si estaba en una de las comunidades porque me había visto por allí con mi mujer y la niña. Tras mi respuesta me aconsejó que siguiera allí y que llevara a mi niña porque “los chicos que van ahí siguen en la Iglesia”…

Y todo esto la misma semana que me han estado dando el coñazo en casa con que no llevara a la niña con nosotros a las celebraciones del CN. Los motivos, los de siempre aliñados con un cierto chantaje emocional. Pues eso, ya tengo un motivo más.

Y ¡bravo! por las “abuelas en misión”, que el Señor nos las cuide y que las dé muchos ánimos

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