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debajo del manzano te desperté

In En la Iglesia, Listado de entradas on junio 27, 2011 at 16:01

Ufff, por dónde empezar… Venga, va. Este sábado por la tarde vinieron de visita a casa unos amigos de la universidad a los que hacía bastante que no veía. En concreto vinieron a ver a la niña y ya de paso estuvimos hablando de los trabajos respectivos de cada uno. Es curioso, tras la carrera me podría pensar que íbamos a terminar en situaciones bastante parecidas. Todo lo contrario, me sorprende cómo se pueden bifurcar los caminos de la vida. Uno se dedica a la investigación, otra a dar clases, otro intenta, el pobre, sacar adelante una pequeña empresa. Todo eso me pareció fascinante. Uno toma decisiones que van determinando su vida, ¿aprovecho esta oportunidad laboral que no me convence o espero a otra que me parezca mejor? ¿me decanto por buscar esto o lo otro? ¿me caso o me voy a vivir sin casarme? ¿me compro ahora una casa y espero a casarme o me caso y ya veremos lo demás? ¿Estoy abierto a la vida o no? ¿salgo a mi hora del trabajo y aprovecho el tiempo con mi familia aunque suponga renunciar a ciertas oportunidades laborales o me quedo en el trabajo y las aprovecho? Me sorprende escuchar los planteamientos de cada uno.

¿con qué criterio decido? ¡Qué complicado parece todo a veces! Bueno, por lo menos a mí a veces me ha parecido complicado…

Y siempre me acuerdo de esa canción del Cantar de los Cantares 8, 5-7:

¿QUIÉN ES ÉSTA QUE SUBE DEL DESIERTO,
QUIÉN ES ÉSTA QUE SUBE DEL DESIERTO,
APOYADA EN SU AMADO, EN SU AMADO,
APOYADA EN SU AMADO?

Debajo del manzano te desperté,
allí donde te concibió tu madre,
allí donde tu madre te dio a luz,
allí donde tu madre te dio a luz.

Llévame como un sello en tu corazón,
como un tatuaje en tu brazo.
Porque es fuerte el amor como la muerte.
Y las aguas no lo pueden apagar,
ni los ríos lo pueden anegar.
Que si tú dieras los bienes de tu casa por el amor,
sólo encontrarías el desprecio.

Y la frasecita esa de “si tu dieras los bienes de tu casa por el amor, sólo encontrarías el desprecio” es la que siempre en estos casos se me queda grabada como una de esas canciones que se te “pegan” y estás todo el día tarareando. Joé que frasecita!!! A ver si no es todo tan difícil como me parece y no lo tengo que hacer todo en mis fuerzas y me tengo que apoyar en el Amado para “subir del desierto”… ¿Por qué a veces parece tan complicado?

Una vez me explicaron la historia de Abraham, salió de Ur de Caldea hacia la tierra prometida atravesando también el desierto. Salió de Ur convencido, por el camino tuvo sus más y sus menos, pero el Señor no le falló y llegó a la tierra prometida y le dió un hijo de su mujer. Y tras la explicación me preguntaron, ¿y dónde crees que estás tú? Pues ni idea, porque unas veces estoy como en Ur de Caldea sin enterarme de nada, otras veces me veo en el camino con mis tropiezos y a veces si que me veo en la tierra prometida. Porque lo que si tengo que reconocer es que cuando me he fiado del Señor y me he “apoyado” en el Amado salió bien la cosa: tengo una mujer y una niña preciosas a las que me puedo dar con mis más y mis menos. Y he visto lo importante que es Dios para el matrimonio. Saber que Dios cuida de mi familia y está allí en medio para que nos podamos querer unos a otros me anima mucho. Respecto a lo material no me quejaré, pero… esperemos que Dios vaya proveyendo cada cosa en su momento.

Creo que era San Pablo el que decía que ahora hay tres cosas: fe, amor y esperanza. Veo que en las tres camino en precario…

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