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El salto de la fe

In Cuentos y relatos, Listado de entradas on mayo 3, 2011 at 22:13

Golpeó el clavo hasta dejarlo bien firme en la grieta. Luego se llevó la mano a la cintura y agarró el piolet. Lanzó con fuerza el piolet contra la roca por encima de su cabeza. Cuando le pareció que estaba bien sujeto cambió el peso desde su pierna hacia el brazo que sujetaba el piolet clavado en la roca con la intención de seguir ascendiendo ayudándose con la pierna del lado contrario. En ese momento una mínima fisura en la roca no soportó la presión que ejercía el piolet sobre el saliente y la roca se fracturó, el piolet rasgó la roca desprendiéndose de ella. Él perdió el equilibrio y se precipitó al vacío. El arnés lo sujetaba a los clavos que había ido sujetando a lo largo de toda la ascensión por medio de una cuerda. Dada la presión de la cuerda sobre los clavos al caer hizo que los primeros clavos se desprendiesen rápidamente a medida que caía. El terror se apoderó de él en cuanto se desprendió el piolet. El tiempo parecía que se ralentizaba. Recordaba exactamente el horror con el que vio como el piolet se desprendía. A medida que caía empezó a recordar las cosas buenas y malas que había hecho en su vida. Le parecía increíble lo despacio que transcurría el tiempo en la caída. Sin duda el miedo había hecho que su cuerpo generase una gran cantidad de adrenalina y eso le hacía pensar con gran rapidez…

En un punto a mitad de la caída hubo un clavo que no se desprendió de la pared de roca soportando a duras penas. El golpe de la caída que tuvo que soportar el clavo hizo que éste se doblara estando cerca de desprenderse éste también.

En seguida se percató de lo que pasaba y miró hacia el clavo doblado que lo sostenía en el aire, en el abismo. Y rogó a Dios con tanta fuerza que Dios le respondió de forma tan clara que le podía oir sin dificultad:

– ¿Qué quieres que haga por tí?

– Señor, ¡sálvame! ¿no ves que me voy a caer? Si me caigo moriré…

– ¿Tú crees en mí?

– Si… tu lo puedes todo, puedes salvarme…

– Bien, saca la navaja, corta la cuerda y te salvarás

A la mañana siguiente un equipo de rescate encontró al alpinista muerto. Había muerto por congelación y todavía estaba colgado de la cuerda convertido en una macabra estatua de hielo. Sus manos seguían aferrándose a la cuerda y su rostro reflejaba la desesperación de su última agonía. ¡Se encontraba colgado a tan sólo un metro del suelo!

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