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¿Y qué esperabas?

In En la Iglesia, Listado de entradas, Razones para la fe on abril 26, 2011 at 07:55

El otro día oí a una persona comentar la desolación que se siente entrando en un campo de concentración nazi conociendo la gran masacre que se cometió. Y en especial la crueldad con la que millones de personas fueron tratadas. Y que allí uno se plantea dónde estaba Dios. ¿Por qué no evitó aquella masacre? Indudablemente hablando de masacres tiendo a pensar en la gran masacre del aborto. Y en mi opinión el colmo de la crueldad muchas veces es el silencio en el que se gestan aquellas y estas atrocidades…

Y, ¿dónde está Dios? En muchas ocasiones viendo el sufrimiento uno se plantea una y otra vez lo mismo: ¿Señor, dónde estás?

Dios es amor, sin embargo también es un caballero. Y es un caballero no porque suene bonito decirlo así sino porque no me fuerza a nada. ¿Me ha forzado el Señor a tener fe? Jamás, ni siquiera por la razón. Si mi razón hubiese visto de una forma obvia que Dios existe y me ama, ¿no me vería obligado a creer eso igual que me veo obligado a creer que dos y dos son cuatro? El Señor no parece que quiera que yo le ame así, si no dejándole entrar en mi corazón, a través del amor. Con todas mis dudas, mis inseguridades y mis debilidades. Precisamente porque Dios es amor. Y esa libertad me parece un escándalo ¿cómo es posible que Dios deje a mi nefasto criterio la felicidad? Y tampoco creo que Dios me deje abandonado. Dios habla, y habla a través de los acontecimientos de mi vida y habla al corazón. Así es como me parece que muchas veces el Señor me quiere libre y me guía al mismo tiempo.

Pero si una sociedad, individuo a individuo y de forma colectiva nos pasamos el tiempo intentando conscientemente sacar a Dios de nuestra vida, ¿cómo esperamos que Dios actúe en nuestra vida si no le dejamos? ¿cómo podemos esperar que en una sociedad nos amemos unos a otros si no dejamos entrar a Dios en nuestra vida? ¿cómo se puede pretender una sociedad de amor odiando el Amor? Como dijo el torero, eso no puede ser y además es imposible.

Entonces, estas y aquellas masacres lo que demuestran de una forma brutal es que Dios es amor. Precisamente porque cuando no queremos saber nada con Dios no queremos saber nada acerca de amar al otro. Y sin embargo, parece que todos tenemos grabado en nuestra alma algo que nos dice que matar es malo. Tenemos grabado algo en nuestra alma que hace que intuyamos que en el amor está la felicidad. Y no me extraña, si Dios nos hizo semejantes a Él en algo se tenía que notar, ¿no? Y por eso, para callar nuestra conciencia lo que terminamos haciendo es “cosificar” al otro. El otro ya no es un hombre igual que yo al que comprendo sino un judío o un embrión o un feto, y un judío o un embrión o un feto para mí ya no serán seres humanos, sólo seres vivos, pero no humanos.

Y para colmo de todo no sólo nos perdemos el amor sino también la libertad. Porque intuyo que el amor y la libertad están muy vinculados en muchos sentidos tanto personal como colectivamente. Porque cuando el hombre no confía en el amor de Dios tampoco confía en el corazón del hombre y empezamos a crear y a permitir las estructuras sociales más disparatadas intentando tener el control absolutamente de todo. Y curiosamente ese ánimo de querer una sociedad tan regulada y siguiendo una lógica que no es la del amor nos acaba llevando a tener una sociedad menos humana y nos sentimos esclavos de ella. Y es que al final es Dios el que nos hace humanos, el que nos proporciona la plenitud.

Así es como yo particularmente lo veo.

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