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¡El horror y la Vida Eterna!

In En la Iglesia, Listado de entradas on abril 28, 2011 at 21:44

En una conversación de estas sobre el bien y el mal leí esta -no sé si llamarlo así- poesía:

Yo soy yo, Tú eres Tú
Tú haces lo Tuyo, Yo hago lo Mío
Yo no vine a este mundo para vivir
De acuerdo a tus expectativas
Tú no viniste a este mundo para vivir
De acuerdo con mis expectativas
Yo hago mi vida, Tú haces la tuya
Si coincidimos, será maravilloso
Si no, no hay nada que hacer.
(Fritz S. Perls)

En cuanto leí la primera línea algo me contrarió. Los comentarios al “poema” eran estupendos, en plan qué bonito es el amor y la tolerancia y la paz. Sin embargo a mí personalmente me espantó. Algo me dijo que la idea que trata de transmitir o por lo menos la que a mí me pareció es que hay algo profundamente perverso oculto bajo un velo de tolerancia o de respeto mal entendido.

Se empeña continuamente en mostrar la separación entre Tú y Yo. Esto podría entenderse como una explicación de Barrio Sésamo de quién soy yo y quién eres tú. Pero transmite algo más profundo, refleja el convencimiento y el deseo de mantener tal separación: YO voy por mi camino y no deseo que TÚ me molestes. No quiero amarte, no quiero que me ames. Y en el fondo creo que sé por qué: porque amar es sufrir…

Los que estén en el Camino se acordarán de este cuento judío de dos campesinos que se encuentran y uno le dice al otro, “Boris, ¿me amas?’’. “Claro que te amo’’.“Boris, ¿sabes qué es lo que me hace sufrir?’’.“No lo sé’’. “Entonces, ¿cómo puedes decir que me amas si no sabes qué es lo que me hace sufrir?’’»

Y creo que por eso muchas veces no queremos saber nada del otro porque intentar amarle nos hace sufrir. Es como en la siguiente imagen de Adan y Eva. ¿Quién está entre los dos ahí colgada del árbol? Si, es ese el que se pone entre los dos y nos dice que es mejor no saber nada de los demás. Hablando en plan de coña, ¿os imagináis un novio declarándose a su novia con esta poesía? No me contestéis que me deprimo…

Pues después de leer esta poesía varias veces me rebelo. No me resigno a esta mierda de idea que me dice que a lo único que puedo aspirar es a “coincidir” un momento “maravilloso” con el otro. No me resigno a nada menos que a amar a mi mujer y al resto de mis prójimos toda la vida. Precisamente esto es la VIDA ETERNA, poder atravesar el sufrimiento para llegar al AMOR y a la UNIDAD. Y así se conocerá que somos Sus discípulos, ¿no?.

¿Cómo que la vida eterna sólo consiste en seguir vivo después de muerto? Pues si viviera como dice esta poesía os juro que estaría muerto en vida o por lo menos con una depresión considerable. ¿Cómo que mi fe es fruto del miedo a la muerte? ¡Todo lo contrario! El pecado, la desunión, la indiferencia es el fruto del miedo a la muerte, al sufrimiento. La vida eterna hace que el amor sea posible.

¿Como tener vida eterna? ¿Cómo poder amar al prójimo? ¡Incluso al enemigo! Y sí, se puede, vive Dios que se puede… incluso hasta dar la vida por él. ¿Cómo? Pues poniendo en medio el árbol de la Cruz en lugar del árbol de la imagen con su bichito. ¡Sí, poniendo a Cristo en medio! Y esto no es una utopía ni algo ideal esto ocurre… Yo lo he visto

¡Cristo ha resucitado!

La balanza del Reino

In Cultura de la Vida, Listado de entradas on abril 27, 2011 at 18:14

El otro día por estas redes de Dios me comentó una persona al respecto del voto provida que su voto siempre era el voto del miedo. El miedo a dejar de votar a unos por si salen los otros, incluso sabiendo que su voto era un voto malminorista. También observo como la máxima preocupación suele ser casi siempre la economía.

A continuación leí esto también en la red:

“No anden tan preocupados ni digan: ¿tendremos alimentos?, o ¿qué beberemos?, o ¿tendremos ropas para vestirnos?

Los que no conocen a Dios se afanan por esas cosas, pero el Padre del Cielo, Padre de ustedes, sabe que necesitan todo eso.

Por lo tanto, busquen primero su reino y su justicia, y se les darán también todas esas cosas.

No se preocupen por el día de mañana, pues el mañana se preocupará por sí mismo. A cada día le bastan sus problemas.” (Mt 6, 31-34)

“Busquen primero su reino y su justicia” porque el resto se nos dará por añadidura. Me ha parecido una invitación a lo que pone: a buscar primero su reino y su justicia.

Nunca lo había visto desde otro punto de vista que no fuese la preocupación directa por comer todos los días o por la vestimenta. Sin embargo en muchas ocasiones nuestro máximo (y a veces único) criterio para decidir si votar a un partido son consideraciones económicas las cuales no desprecio puesto que pueden ser bastante graves. Sin embargo parece que el Señor nos exhorta a preocuparnos primero por su reino y por su justicia antes que por la economía y creo que está antes la defensa de la vida que la economía.

Por lo menos a mí me ha dado un poco de luz respecto a cual es el criterio por el cual otorgar responsablemente mi voto a un partido, que desde luego no serán ninguno de los dos grandes partidos que ostentan nuestra partitocracia.

¡Tú decides!

Más en ¡apuesta por la VIDA!

¿Y qué esperabas?

In En la Iglesia, Listado de entradas, Razones para la fe on abril 26, 2011 at 07:55

El otro día oí a una persona comentar la desolación que se siente entrando en un campo de concentración nazi conociendo la gran masacre que se cometió. Y en especial la crueldad con la que millones de personas fueron tratadas. Y que allí uno se plantea dónde estaba Dios. ¿Por qué no evitó aquella masacre? Indudablemente hablando de masacres tiendo a pensar en la gran masacre del aborto. Y en mi opinión el colmo de la crueldad muchas veces es el silencio en el que se gestan aquellas y estas atrocidades…

Y, ¿dónde está Dios? En muchas ocasiones viendo el sufrimiento uno se plantea una y otra vez lo mismo: ¿Señor, dónde estás?

Dios es amor, sin embargo también es un caballero. Y es un caballero no porque suene bonito decirlo así sino porque no me fuerza a nada. ¿Me ha forzado el Señor a tener fe? Jamás, ni siquiera por la razón. Si mi razón hubiese visto de una forma obvia que Dios existe y me ama, ¿no me vería obligado a creer eso igual que me veo obligado a creer que dos y dos son cuatro? El Señor no parece que quiera que yo le ame así, si no dejándole entrar en mi corazón, a través del amor. Con todas mis dudas, mis inseguridades y mis debilidades. Precisamente porque Dios es amor. Y esa libertad me parece un escándalo ¿cómo es posible que Dios deje a mi nefasto criterio la felicidad? Y tampoco creo que Dios me deje abandonado. Dios habla, y habla a través de los acontecimientos de mi vida y habla al corazón. Así es como me parece que muchas veces el Señor me quiere libre y me guía al mismo tiempo.

Pero si una sociedad, individuo a individuo y de forma colectiva nos pasamos el tiempo intentando conscientemente sacar a Dios de nuestra vida, ¿cómo esperamos que Dios actúe en nuestra vida si no le dejamos? ¿cómo podemos esperar que en una sociedad nos amemos unos a otros si no dejamos entrar a Dios en nuestra vida? ¿cómo se puede pretender una sociedad de amor odiando el Amor? Como dijo el torero, eso no puede ser y además es imposible.

Entonces, estas y aquellas masacres lo que demuestran de una forma brutal es que Dios es amor. Precisamente porque cuando no queremos saber nada con Dios no queremos saber nada acerca de amar al otro. Y sin embargo, parece que todos tenemos grabado en nuestra alma algo que nos dice que matar es malo. Tenemos grabado algo en nuestra alma que hace que intuyamos que en el amor está la felicidad. Y no me extraña, si Dios nos hizo semejantes a Él en algo se tenía que notar, ¿no? Y por eso, para callar nuestra conciencia lo que terminamos haciendo es “cosificar” al otro. El otro ya no es un hombre igual que yo al que comprendo sino un judío o un embrión o un feto, y un judío o un embrión o un feto para mí ya no serán seres humanos, sólo seres vivos, pero no humanos.

Y para colmo de todo no sólo nos perdemos el amor sino también la libertad. Porque intuyo que el amor y la libertad están muy vinculados en muchos sentidos tanto personal como colectivamente. Porque cuando el hombre no confía en el amor de Dios tampoco confía en el corazón del hombre y empezamos a crear y a permitir las estructuras sociales más disparatadas intentando tener el control absolutamente de todo. Y curiosamente ese ánimo de querer una sociedad tan regulada y siguiendo una lógica que no es la del amor nos acaba llevando a tener una sociedad menos humana y nos sentimos esclavos de ella. Y es que al final es Dios el que nos hace humanos, el que nos proporciona la plenitud.

Así es como yo particularmente lo veo.

La Vigilia

In En la Iglesia, Listado de entradas on abril 25, 2011 at 09:29

Estoy contento. La Vigilia de Pascua ha sido fenomenal.

Antes de la preparación de la asamblea para la vigilia el cura nos advirtió: tened paciencia cuando montéis la asamblea. Y es que en cuanto se da el pistoletazo de salida para la preparación de la asamblea para esta fiesta resulta un caos. Y para mi gusto es bastante gracioso. Unos poniendo moqueta por todo el suelo de la iglesia, otros moviendo bancos de un lado para otro sin rumbo definido. Uno se sube a una escalera a poner los focos de la iluminación, cuando está montando la escalera casi golpea la imagen de San Francisco que la pobre no tiene culpa de nada, cuando logra encaramarse a la escalera ve con horror que dos chavales se acercan peligrosamente a la base de la escalera cargados con un banco y pega un grito, los chavales se dan cuenta de repente y casi se les cae el banco. Tras la moqueta se pone la tarima encima, se mueve hacia alante y hacia atrás como unas veinte veces. Llega uno y le parece que está muy cerca del altar, llega otro y le parece que está muy lejos del altar. Al final llaman al cura que zanja el asunto cual rey Salomón. Vas poniendo filas de sillas y bancos alrededor de la tarima para el altar y pones una fila y luego otra detrás y luego otra. Y luego vuelves a la primera y te parece que las filas están muy juntas entre sí y las separas. Luego vuelves otra vez a la primera fila y como por arte de magia te parece que están muy separadas, ¡leches! y las juntas. Al final acabas llamando a uno de los curas: oye por favor, pasa entre las filas a ver si cabes para dar la comunión. Al final entre los curas se sonríen y comentan que hay una ley arcana que dice que la separación entre las filas de bancos tiene que ser un poco más que el ancho del cura mas voluminoso. ¿Y para poner alfombras sobre la tarima? Eso da miedo, parece un tetris gigante. Se ponen una, luego se pone otra y se observa con horror que no cubren toda la tarima, se cambian de posición. A alguien se le ocurre empezar a pasar la aspiradora sobre las alfombras puestas. Luego se quitan esas alfombras y se ponen otras, se cambian otras tres veces de posición y se vuelve a pasar la aspiradora. Todo un arte en el que poco a poco los ostiarios logran poner orden en el caos inicial. Y al final todo quedó precioso.

¿Y la Vigilia? Todo un derroche de misericordia del Señor. Y Cristo resucita, ¡vaya si resucita!. Y allí está entre nosotros, y nos deja que descansemos en Él. Y uno le presenta su vida. Quizás un padre o un marido al que el Señor llamó hace unos días para celebrar la Pascua en el Cielo. Quizás un hijo, que falleció antes de llegar a ver la luz. Quizás un translado de trabajo a una ciudad lejos de su familia. Y la alegría de un hijo recién nacido. O la alegría del primer aniversario de un matrimonio. Y a veces el sufrimiento nos hace huir y renegar y ser rebeldes. Y a veces los regalos y los bienes nos hacen envanecernos y pensar que en nuestras fuerzas lo podemos todo. Y a veces dentro del sepulcro la razón nos dice que estamos encerrados. ¿Estaremos muertos? Sin embargo la entrada del sepulcro rueda sobre sí milagrosamente y se abre para ver la luz. Y al ver esa luz sabemos que tenemos Vida. Y es que esa noche es diferente. ¿Como no esperar toda una noche a que suceda esto? ¿Cómo no celebrarlo después cenando todos juntos?

Es imposible, ¿verdad?

El mundo de los claroscuros

In En la Iglesia, Listado de entradas on abril 20, 2011 at 10:04

Habitualmente la realidad parece estar llena de claroscuros. Estamos en período de cambios. Hay días y ocasiones que parecen muy luminosos y otros en los que parece que se cierne la oscuridad. Parece que el cinismo y la duda de las grandes masas se ciernen sobre cualquier institución, todo se cuestiona y todo se pone en duda. Al final supongo que ni todo es tan bonito ni tan feo. Simplemente es el momento que nos ha tocado vivir y hay que intentar hacerlo lo mejor posible… y vivir la causa que sabemos que merece la pena y eso sencillamente es ¡apasionante!

Lo que creo es que no se puede volver atrás en el tiempo. Puedes andar mirando hacia delante, pero si intentas andar mirando hacia atrás tropezarás.

Me contaron una anécdota en el trabajo: “Una fábrica de zapatos mandó dos comerciales a África para analizar las posibilidades que tendrían en ese continente. El primero llamó a los dos días a la central y comentó que aquello estaba perdido: !sólo un 3% utiliza zapatos! no merece la pena tratar de vender zapatos en África, no los comprarán, ¡si al menos fueran el 4% las cuentas saldrían!. El otro comercial llamó también a la central entusiasmado: ¡sólo un 3% utiliza zapatos! ¡genial! ¡es una oportunidad increíble, cuando conozcan lo bien que se camina con zapatos los comprarán!” Y añado yo, ¿os imagináis la cara de amargado que tiene que tener el primero pensando en el 1% que le falta para que le salgan las cuentas? ¿y la de alegría y seguridad en sí mismo del segundo pensando lo mucho que le va a gustar a aquella gente sus zapatos?

Leo en un libro:

“Ya advirtió Maquiavelo en el siglo XV que no hay nada tan asimétrico como querer cambiar el orden de las cosas en la sociedad. Decía que aquellos que proponen un nuevo orden tienen la férrea oposición de los que les ha ido bien en el viejo y la tibia adhesión de los que les puede ir bien en el nuevo.”

¿Por qué no probamos algo nuevo?

He releído el post varias veces y creo que la posibilidad de malinterpretarlo y sacarle punta a todo es casi infinita así que pongo un emoticono sonriente para compensar: 🙂

Conversaciones sobre arte a la luz de la fe

In Listado de entradas, Razones para la fe on abril 18, 2011 at 18:10

Este sábado, como todos los sábados, pasé la mañana en la academia de pintura. Llevo un tiempo llendo a esta academia y siempre me he llevado muy bien con la profe, sin embargo siempre habíamos hablado de cosas técnicas, nunca otras cosas. Hace poco una compi había vuelto de Tierra Santa y nos contó su viaje. Por cómo relató su viaje se veía que lo había vivido con fé. Me sorprendí cuando la profesora dijo como ella se sentía más atraída por aquellas tierras que por otras como Egipto. Como ya digo me sorprendí mucho y me dió un poco de rabia porque parece que me he acostumbrado a que todo lo que tenga que ver con la fe sea despreciado por los que me rodean. Yo también comenté que a mí me gustaría ir y curiosamente creo que la profesora me miró con la misma sorpresa con la que la miré yo a ella.

Es curioso porque a partir de ese día hablamos mucho más mientras pintamos y de muchas más cosas. Y francamente me está sorprendiendo.

El sábado pasado estaba con la duda acerca del arte abstracto y aquella duda tonta dio paso a una conversación impresionante. Fue como una explosión de ideas. Nos contó ciertas cosas de algunos movimientos artísticos de principios del siglo XX y de la tendencia actual al eclepticismo y eso no es lo que me llamó la anteción sino que habló de los “signos de los tiempos” en el arte y su interpretación también a la luz de la fe. También dio paso a hablar sobre Toynbee y su visión de la filosofía de la historia. Nos dió una explicación interesantísima y muy enriquecedora siempre enfocada en el arte, claro.

Y me he dado cuenta de una cosa. Esa misma explicación por parte de una persona sin fe no hubiese sido lo mismo. No es sólo que ella pueda tener muchos conocimientos sobre arte, que los tiene y enciclopédicos. Ni siquiera ser una persona analítica y observadora. Sino que la luz de la fe parece que ilumina ciertos recovecos del alma humana y de la cultura y de la historia que de otra forma pasan inadvertidos. Pienso que la fe puede hacer a una persona inteligente como esta mujer “alcanzar” una altura que da una perspectiva muchísimo más amplia de las cosas.

Y ha sido muy generosa al querer compartirlo. Todo un regalo para esta Semana Santa.

Alterando la frase de Pasteur: un poco de ciencia, un poco de filosofía, un poco de arte nos aparta de Dios; mucha nos aproxima a Él…

Fe exultante

In Cuentos y relatos, Listado de entradas on abril 15, 2011 at 10:02

El pueblo de Israel salió a toda prisa huyendo de Egipto. Caminaban en la noche por un yermo árido y reseco acompañados por una luz tenue y mortecina de una luna menguada. Les envolvía una brisa fría, quizás desagradable. Hasta que llegaron al mar, probablemente mirarían sus aguas con desconfianza. En la noche, el agua del mar se ve negra y tumultuosa y se escucha con más intensidad el fragor de su batalla contra la orilla. En la oscuridad no hay referencias salvo el suelo que pisan tus pies, intentar aventurarse en las aguas era una opción escalofriante, ni siquiera el suelo tendrían como referencia. Estarían a merced de aquellas aguas negras, frías. Aquellas eran aguas de muerte. Y detrás… detrás venía el faraón. La masacre.

Estando allí en la orilla, entre la muerte y la masacre, pensarían que estaban perdidos, sufrirían pensando que iban a morir. Pero ese no es el sufrimiento mayor, es que allí estaba su mujer, acaso embarazada, acaso recien parida con su bebé en brazos. Estaban tus hijos, pequeños. Estaban tus padres, ancianos y débiles. No es el sufrimiento de saber que serás asesinado, casi sería lo de menos en comparación con saber que ellos también morirán.

Y no sólo eso, ellos no caminaban “sólos”, no eran individualistas, si por algún capricho del destino lograban salvar su vida y volver a Egipto sólos, ¿qué sería de ellos fuera de su pueblo? O estaban en su pueblo o no existían. Y aquel pueblo, su pueblo, iba a ser aplastado.

¿se habrían equivocado? ¿acaso habrían malinterpretado la voluntad de Dios?

Me puedo imaginar el fervor de sus oraciones en ese momento. Más que oraciones serían gritos desesperados pidiendo ayuda al Señor, clamando y llorando por su misericordia. Reclamando que Él salvase a su pueblo porque ese pueblo sólo le pertenecía al Él: “Señor, mi matrimonio es más tuyo que mío. Señor, mi familia es más tuya que mía. Este pueblo es tuyo no nuestro, ¡AYÚDANOS!”

Y me imagino, a esas alturas del drama de la muerte, su reacción al ver lo imposible, lo que a nadie le cabe en la razón, ¡ver abrirse las aguas, las aguas de la muerte, para que ellos pasaran! Y como sangre en las venas no le faltaba a aquel pueblo, me puedo imaginar el inmenso grito de alegría que lanzaron. Aquel grito exultante. No fue un tímido “aleluya”. No, fue más bien como oir un grito atronador que difícilmente te puedes creer que haya salido de boca humana. Y, vive Dios, que la gratitud de aquella gente a Dios en ese momento tuvo que verse físicamente ascender por el aire como el incienso. Y vete tú ha hablarles de racionalismos y de teorías a ver que te contestan.

Definitivamente la fe de aquella gente no era una fe que te mantiene calentito el corazón tranquilito en el sofá de tu casa viendo un poquito la tele antes de irte a dormir sabiendo que cuando seas viejo tendrás la pensión asegurada…

¿de qué sirve ganar el mundo si pierdes el alma?

In En la Iglesia, Listado de entradas, Razones para la fe on abril 12, 2011 at 19:33

He encontrado un artículo que cuenta cosas de mi forma de pensar acerca de la sociedad de la que nos ha tocado formar parte. Y no, no voy a acusar a nadie en concreto de esto, ni entrar en demagogias fáciles, ni siquiera a una ideología o un partido concreto porque estoy seguro de que también formo parte y fomento ésta. Y qué narices, tampoco tengo claro el camino para salir de esto. Sólo sé que sin Dios caminamos a ciegas.

Yo he tenido esa misma sensación de la que habla el artículo y experimentada completamente en carnes propias sobre todo cuando trabajaba en Madrid (horario de 8:00 a 20:00 ó 21:00 ó 22:00 ó más, una hora para comer y había días que comía un sandwich de la máquina). Ahora también sufro esto un poco porque ser ingeniero es lo que tiene, aunque no tanto, ni de lejos (en las provincias la vida es más relajada, ya ves, soy más bien provinciano…)

Y todavía recuerdo la mirada de extrañeza (incluso me atrevería a decir de desprecio) de mi jefe cuando le pedí el translado. Y las conversaciones con la jefa de una subcontrata: estaba en proceso de hacerse la inseminación artificial porque “no tenía tiempo para buscar pareja y relacionarse”. Y no lo digo con ánimo de chinchar, es que para mí el oír esto de su boca resultó todo un shock. Y en gran medida fue una de las cosas que me hizo salir de allí pitando. Y también “buscar” a Dios. Cuando el ídolo del dinero cae te puede pillar debajo… Aunque claro, yo todavía no estaba en el Camino, vamos, ni siquiera sabía que existía algo que se llamaba Camino Neocatecumenal, pero una cosa tenía clara a mi familia no la iba a cambiar por nada del mundo… aunque, claro, hay que trabajar porque hay que comer todos los días, es lo que tiene.

Sólo lo voy a poner a continuación y que cada cual piense lo que le parezca:

¿Realmente esto es lo que queremos?

¿Cuándo nos daremos cuenta de que ahí reside el problema y no en la lucha de clases, el partidismo político o la acumulación de bienes y servicios?

¿Solo existe lo que somos capaces de percibir por los 5 sentidos?Si esto fuera así tendríamos que afirmar tácitamente que los rayos X, o inicialmente reconocidos como rayos incógnita, son invención de mentes fraudulentas. Tampoco existiría la luz ultravioleta, como ejemplo de otras muchas cosas más.Una vez llegados a la conclusión de que efectivamente hay cosas que son reales y que no somos capaces de captar con la limitación de nuestro cuerpo-materia, irremediablemente podemos llegar a otra conclusión: No existe lo que no es demostrable por la ciencia o lo que no es susceptible de ser medido.

Por esa lógica racionalista podríamos llegar a la conclusión de que hasta que el hombre no desarrolla una técnica capaz de demostrar un hecho plausible mediante la experiencia, esa realidad no existe. Una vez concluida la veracidad de la demostración entonces como por arte de magia existe algo que antes dábamos por falso. No obstante, para más inri creemos que podemos cuantificar todo cuanto nos rodea. Medir al ser humano en escalas que figuran bajo un valor determinado. El ser humano de esta forma pasa a ser en términos exclusivistas un animal, expuesto al análisis según sus diversas facetas: homo económicus, homo sapiens, ente biológico etc. Sin embargo, siempre existen preguntas que nos superan, que superan los márgenes finitos de nuestra capacidad de raciocinio. Y claro, por supuesto, hay cosas que existen antes de ser demostradas y que no pueden ser cuantificadas ni medidas a base de cálculos científicos, por ejemplo: el amor, la amistad, la justicia. ¿Dame un kilo de amor, dame tres metros de justicia?

La lógica racionalista de Descartes se cae como una baraja de naipes al igual que lo hace el empirismo de Hume. Por ende, también lo hacen los criterios ampliables a la artificialidad antinatural de Rousseau o el método a posteriori exclusivista del tecnócrata más inhumano.Pues bien, esto es un peligro que atenta para “verdadera buena vida” del ser humano. De hecho el peligro que acecha constantemente en nuestro mundo actual. Producto de ello tenemos el Occidente del consumo, de la impersonalidad, de la frustración, de la fragilidad como sociedad.

“Podemos hacernos una idea de una sociedad tan espantosa cuando vemos en un tren de cercanías de suburbio a hombres cansados volver de su duro trabajo a sus pequeñas casas, donde se encierran para comer y dormir hasta que vuelven a la fábrica o la oficina. En ese momento uno aprecia lo que se ha perdido en la sociedad: la cálida hospitalidad, una relajada y larga conversación, un consejo amigable o servicios voluntarios y no recompensados”, observó nítidamente Bertrand de Jouvenel en “La ética de la redistribución”.

“Veo una masa innumerable de hombres semejantes e iguales, inclinados sin descanso sobre sí mismos para procurarse placeres pequeños y vulgares, con los que llenan su alma. Cada uno de ellos retirado aparte, vive como extraño al destino de todos los demás, sus hijos y sus amigos particulares forman para él toda la especie humana; en lo que concierne a sus conciudadanos, vive al lado de ellos, pero no les ve; les toca pero no les siente; no existe más que en sí mismo y para si mismo y si le queda todavía una familia, en todo caso se puede decir que no tiene patria.”, percibió también Alexis de Tocqueville en “La democracia en América”.Y bien, esto pasa en la sociedad del “progreso”, en la sociedad que más altos bienes ha alcanzado desde el inicio de la historia. Hoy un pobre vive mejor materialmente hablando que un rico del siglo XVIII.

Sin embargo, ¿por qué aún la sociedad siente un vacío?, ¿por qué los casos frustración y depresión aumentan sus cifras cada año?, ¿por qué la ingesta de alcohol u otras sustancias que contienen la medida justa para alejar al ser humano de la realidad aumentan año tras año de forma alarmante?¿Esto es realmente lo que queremos?¿Realmente este es el mundo que tanto protegemos y al que tanto nos aferramos como drogadictos dependientes de su dosis maligna y cruel que apaga la frustración de haber negado la Verdad? ¿De qué te sirve ganar el mundo si pierdes el alma? Occidente hace tiempo que la perdió… ¿Cuándo nos daremos cuenta de que ahí reside el problema y no en la lucha de clases, el partidismo político o la acumulación de bienes y servicios? ¿CUÁNDO?

Fuente: aquí

Hoy pintan bastos: tío Greg y su palo

In Listado de entradas, Persecución on abril 12, 2011 at 08:57

Hoy he empezado el día medio dormido, como siempre. He entrado en el correo como siempre y he revisado un poco las noticias del día a ver si me desperezaba un poco antes de ir al trabajo (¡ay!, el trabajo…) Primero las buenas noticias, que a veces son las únicas que me apetece leer. Abro mi cuenta de Google Reader y ahí veo la entrada de TEB: “Gregorio no nos quiere”. Tras reirme un rato de las declaraciones de Greg pasé a AALV: “Peces Barba” ¡Leches!, más Greg y con banda sonora y todo… Y encima AALV pedía un Fortea. Así que decidí entrar en el blog de Fortea. ¡Releches, más Greg todavía! “Gregorio Peces-Barba, el viejo Sam Peces Barba-Bigotes”

Es increíble Greg, alias padre-de-la-constitución, alias Sam-Bigotes, la vidilla que le has dado hoy a mi mañana.

Me hizo gracia volver a saber de Greg, ya casi es como de la familia. O mejor es como un clásico español, que pega más con su alias padre-de-la-constitución…

Yo diría que es… no sé un clásico… algo así como la sota de bastos:

“Solo entienden del palo y de la separación de los campos”

(Tío Greg, alias la-sota-de-bastos, alias padre-de-la-constitución, alias Sam-Bigotes. Profesión: pegador de palos profesional; separador de campos amateur)

El más hermoso de los hijos de Adán

In Cuentos y relatos, Listado de entradas, Razones para la fe on abril 7, 2011 at 16:25

Y lanzó un grito:

– ¿Qué es bueno?
– Todo lo que eleva el sentimiento de poder, la voluntad de poder, el poder mismo en el hombre
– ¿Qué es malo?
– Todo lo que procede de la debilidad.
– ¿Qué es felicidad?
– El sentimiento de que el poder crece, de que una resistencia queda superada.

Se sintió bien, se sintió reconfortado, miró sus logros y se jactó de ellos. Probablemente en poco tiempo tendría más responsabilidades, más poder, más dinero, más experiencia. Eso le hacía sentir bien, sin duda eso era bueno. Confiaba en sus planes mientras resonaba una voz que decía:

– “unos nacen con estrella, otros estrellados. Tú eres de los primeros”

Su gran torre se estaba construyendo la miró y se sentió orgulloso del esfuerzo que le había llevado colocar todas las piedras, de una en una. Las banderas y los pendones se enarbolaban en lo alto de esta gran torre como queriendo cantar al mundo su gloria.

Poco a poco empezó a notar que a medida que colocaba piedras para hacer su torre aún más alta las piedras de más abajo se empezaban a resquebrajar. Por supuesto no le dió importancia, consideraba su torre fuertemente asentada. A medida que seguía creciendo la torre se iba resquebrajando más y más. Llegó un punto en que se dió cuenta de que algo no funcionaba, se planteó si lo estaría haciendo bien. Se planteó si con su torre tal cual era le bastaba, pero aquelló era imposible, algo dentro de él le decía que nunca sería feliz si su torre no crecía y crecía. ¿Qué pasaba? ¿Acaso era él, habría hecho algo mal con su torre? Antes, al principio, había sido feliz ¿por qué ahora no? Pero… ¿realmente había sido feliz anteriormente? Pensaba que si, pero…

Alguien llamó a la puerta de su torre. Bajó corriendo, pensando que era alguien que le necesitaba. Seguro que era alguien que quería un consejo para su propia torre.

Cuando abrió se encontró con alguien que aseguraba que vivir sin torre era la auténtica felicidad. ¿Como? ¡Eso es imposible! ¡Eso no te puede hacer feliz! Por supuesto le echó de allí pues era un don-nadie, un vagabundo que le venía a molestar…

Sin embargo cuando volvió al interior comenzó a pensar… Fue a la base de la torre y vio cómo estaba agrietada y desconchada. Miró a lo alto y observó cómo lo que él antes había visto como banderas y pendones ondeando al viento no eran más que telas de araña y trapos sucios. La torre era gris, sin belleza, sin ventanas. Sintió que le faltaba el aire, eso no podía ser, ¿qué había pasado? ¿realmente eso le iba a hacer feliz? ¿como es posible que el poder no le diese la felicidad?

Miró a su alrededor y se vió sólo. Sólo y encerrado. Sin darse cuenta había echado a la gente que tenía a su alrededor y se había encerrado en su torre. Y ahora los echaba de menos. El futuro que él había planeado no era así. Y salió corriendo a buscar a aquel vagabundo y le pidió que le ayudase. El vagabundo le dijo:

– entrégame todas las piedras de tu torre
– imposible, ¿qué haré si ellas?
– nadie te obliga, si quieres puedes seguir como estabas
– no, espera un momento, te daré una parte y la otra la conservaré
– no, no serás feliz hasta que me dés hasta la última de las piedras

Con temor empezó a quitar todas las piedras de su torre y empezó a cargarlas sobre la espalda del vagabundo. Cuando estaba en la mitad de la tarea miró al vagabundo hundido por el peso de las piedras y le dió lástima:

– ¿qué puedo hacer por tí?
– darme las piedras de tu torre
– ¿pero por qué haces esto? Si yo no he hecho nada por tí, ¿no me pides nada a cambio?
– si, el resto de las piedras de tu torre.

Con lágrimas en los ojos le siguió preguntando:

– pero ¿por qué? Si yo te he despreciado…
– por que te amo

En ese momento rompió a llorar. Y se comenzó a vislumbrar cuál era el propósito de desarmar su torre. ¡Cómo había podido estar tan ciego!. Acabó de poner todas las piedras sobre el vagabundo y le miró. Estaba descoyuntado por el esfuerzo, su rostro apenas parecía humano, estaba desfigurado. Cuando el vagabundo le miró él volvió el rostro, no podía soportarlo.

Se dió cuenta de que estaba descalzo, no se había acordado de coger un calzado adecuado. Soplaba el viento y sin su torre encima sentía un abismo sobre él. ¿qué va a ser de mí? Me siento desnudo…

Poco a poco se fue percatando de la realidad, se encontraba sobre una alfombra de hierba que acariciaba sus pies. Y como no estaba acostumbrado a las corrientes de aire lo que le parecía un viento atronador no era más que una suave brisa, ¡y era una brisa cálida y acogedora! Y miró a lo alto, ya no estaba el techo de su torre lleno de telarañas y suciedad, sino una bóbeda maravillosa adornada con estrellas. Que bueno era todo… Incluso tenía un arrollo de agua fresca al que se acercó a beber, ¡qué agua tan dulce!

¿Cómo era posible que hubiese pasado su vida construyendo esa estúpida torre sin darse cuenta de que ya lo tenía todo?

En un momento se dió cuenta de que había olvidado a aquel vagabundo. Le buscó con la mirada y allí estaba él, sin sus piedras. ¡Ya no estaban! Le miró y vió que su rostro era hermoso. Se sentía tan feliz que no pudo abrir la boca para agradecérselo. Tragó saliva y tan sólo pudo decir:

– ¿cómo he podido estar tan ciego? ¿cómo he podido construir eso? ¿cómo es posible que mi orgullo se haya adueñado de mí de esta manera? ¿cómo es posible que haya echo esto?
– Dame esta piedra también