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El fuego canta salmos

In Cuentos y relatos, En la Iglesia, Listado de entradas on febrero 28, 2011 at 17:18

La llama todavía pequeña comenzó a fundir la cera a su alrededor. Poco a poco fue creciendo, con delicadeza pero con una constancia que parecía transformar esa delicadeza, esa debilidad en fortaleza y en alcázar, como si se supiese eternamente alimentada por la cera que se derretía por su calor. Temblaba, y cuando parecía que se iba a apagar de nuevo volvía a resurgir vacilante, dubitante. Y era una llama nueva y era la misma llama. Y seguía moviéndose de un lado a otro alimentada incansáblemente por su propio calor, por su propia luz que transformaba la cera fría y dura en oración, en humo precioso que se elevaba casi invisible sobre la llama, abrasada hasta el Señor.

Y cantaba salmos. Sólo en Dios descansa alma mía. Sólo en Dios… descansa alma mía… Porque de Él viene mi salvación; sólo Él es mi roca y mi salvación, mi alcázar: no vacilaré.

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