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El que me lavó los pies…

In En la Iglesia, Listado de entradas on febrero 26, 2011 at 00:05

Ayer me llevé una agradable sorpresa al leer uno de esos blogs amigos que leo. El post trataba sobre sobre la comunidad de 26 hermanas del Monasterio de la Conversión. Una de las cosas que me ha llamado la atención es que se dedican a la acogida cristiana de peregrinos en el Camino de Santiago. Y esto me recordó a cuando hice el Camino…

Me recordó una tarde, estabamos intentando llegar hasta O Cebreiro. Era una de esas subidas más bien duras. Como ya estábamos cansados decidimos quedarnos en un pueblo que hay en la subida y dejar el resto de la subida para el día siguiente. El pueblo eran cuatro casas y no logro acordarme de cómo se llamaba. Estaba elevado en lo alto de una colina bastante alta rodeada de otros picos. El paisaje se veía a ratos entre la niebla de tal forma que jamás se te ocurriría pensar que pudiera desaparecer totalmente y brillar claramente el sol.

El albergue estaba bastante bien, era grande y limpio y en el recinto del albergue había una pequeña ermita cerrada. Esa vez yo tuve que dormir en el suelo, gracias a Dios llevaba un buen saco de dormir y un aislante para evitar el frío del suelo y me prestaron unas mantas para hacer mi “cama” un poco más cálida. Tras acomodarnos salimos fuera y nos encontramos con la persona que llevaba el albergue, era alemán y de alguna forma logró informarnos de que en la ermita iba a haber “algo”. En ese momento entró andando al albergue un hombre vestido de franciscano, creo, pues llevaba un hábito marrón ceñido a la cintura con un cordón y unas sandalias en los pies. En ese momento me extrañé tanto de ver entrar andando a aquel hombre vestido de aquella forma que me pregunté si no sería un actor contratado para hacer algún tipo de espectáculo. Pues no, era franciscano de verdad. Entramos unas veinticinco personas en la ermita. Luego el hombre hizo una oración y pidió unos voluntarios. Mi mujer se quiso apuntar y ya de paso me arrastró también a mí. Salimos varias personas, el franciscano sacó una palangana, una jarra de agua y una toalla nos lavó los pies. La verdad, me quedé entre sorprendido, incrédulo y extrañado.

Luego predicó un rato sobre la Última Cena. Hizo una oración y se fue andando por el mismo sitio por el que había venido.

Increíble pero cierto, hay gente que lleva el Evangelio también en el Camino de Santiago…

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  1. Ehh!, gracias por el enlace 🙂
    A mí también me interpela mucho el gesto del lavatorio de pies. Figúrate que en el Evangelio de san Juan, la institución de la Eucaristía no aparece mientras que en los otros si. Lo que aparece en el 4º Evangelio es solo el lavatorio. Y no es que se contradigan los Evangelios, sino que más bien éste explica a los otros. Esto es: la esencia de la Eucaristía está en servir.
    saluti fratelli.

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