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Recuerdos de La Comarca

In Listado de entradas on febrero 22, 2011 at 01:00

Hace poco mi mujer me preguntó que cual había sido el momento más feliz de mi vida. No me gustan esas preguntas, es como cuando me preguntan mi color favorito, no sé que contestar, quizás el azul o el rojo me llaman más la atención, pero depende para qué. Por ejemplo, no pintaría las paredes de la casa de esos dos colores. Pues igual me ocurre con eso de la felicidad. Supongo que ha habido momentos muy felices, pero cada uno a su manera y en su situación. Y decidir si uno ha sido más feliz que otro es complicado…

Opté por contarle uno de los primeros instantes felices que recuerdo. Fue hace unos años, cuando yo era pequeño. Supongo que el tiempo es el mejor edulcorante para la memoria…

La finca de mi tío es un campo en el que antes se plantaban patatas. Él lo compró mucho antes de nacer yo y construyó una caseta pequeña. También cavó junto con mi padre un pozo y construyó una fuente que se alimenta del agua del pozo con una bomba. No se puede decir que sea un palacio pero siempre me ha gustado su parcela. Es todo muy alegal pues no tiene licencias para edificar, ni para excavar un pozo, ni para extraer agua de la cuenca del río que pasa cerca. No sé si para tener una fuente hace falta licencia pero si hace falta seguro que tampoco la tiene. Quizás eso le da un toquecillo rebelde que me atrae. No sé por qué pero a pesar de que racionalmente comprendo que en una sociedad civilizada tienen que existir ciertas normas que hay que cumplir a veces me resulta atractiva la idea de que una persona pueda hacer en su parcela la caseta, el pozo y la fuente que le dé la gana sin dar más explicaciones. Y que viva mi incoherencia.

Mi padre y yo fuimos a ver a mi tío un sábado por la tarde de enero. Hacía una tarde muy desapacible, hacía frío, soplaba el viento y llovía. En la caseta sólo hay una chimenea y una mesa con dos bancos, uno a cada lado. Mi padre y yo estabamos sentados en uno de los bancos entre una ventana y la mesa. Mi tio estaba a ratos sentado en el otro banco hablando con mi padre y a ratos atendía a una sartén llena de castañas que tenía en la chimenea encendida. Mientras mi padre hablaba tranquilamente con mi tío de cosas aburridas yo estaba sentado al revés mirando por la ventana dando la espalda a mi tío y apoyado en mi padre. Como mi padre era mucho más grande que yo me acurrucaba a su lado mientras miraba y escuchaba cómo el viento movía los árboles. De vez en cuando la lluvia golpeaba la ventana y se oían truenos a lo lejos. Me sentía muy tranquilo y muy seguro allí a cubierto y apoyado en mi padre que me daba calorcito mientras fuera todo estaba revuelto.

En un momento mi tío sacó las castañas de la chimenea y se levantó a echar más leña a la chimenea. En ese momento mi padre se giró un poco, me dio un beso en la cabeza y me dijo en voz baja “te quiero, hijo”. Luego siguió hablando con mi tío.

Hay que ver lo importante que era mi padre para mí cuando era pequeño…

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  1. No se como he llegado a este blog, pero debo reconocer que toca algo en mi. No me deja indiferente.

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