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Origen y destino

In Cuentos y relatos, Listado de entradas on febrero 5, 2011 at 00:23

Otra vez me ha dado por escribir un cuentecillo basado en un comentario que oí hace no mucho. Aquí está:

Empezó a sentirse más despejada, se revolvió un poco en su asiento, bostezó y por fin abrió los ojos. Se estiró un poco y allí vio a su lado a su amiga, estaba con los cascos puestos escuchando música. La sonrió con los ojos todavía entrecerrados y en seguida se preguntó dónde estaba. Por lo visto estaba en un autocar sentada en uno de los asientos al lado de su amiga que seguía escuchando música sin hacerla mucho caso.

No recordaba cómo había llegado hasta allí y esto la hizo estremecerse. Un poco nerviosa llamó a su amiga y la preguntó que cómo habían llegado allí. Su amiga todavía con los cascos puestos encogió los hombros. ¿Y dónde vamos? Esta vez su amiga se quitó los cascos y la respondió que no sabía. ¡Pero cómo no lo vas ha saber! A lo cual la amiga respondió: Estamos en un autocar ¿no? No entendía a su amiga, ¿cómo estaba tan tranquila sin saber de dónde venían ni hacia dónde se dirigían? La amiga se volvió a poner los cascos sin preocuparse más.

Miró a su alrededor, a un lado había una madre sentada junto a su niño, le estaba dando algo de comer. La madre sonreía viendo como el niño comía poco a poco los trocitos de fruta que ella le iba dando. El niño tarareaba una cancioncilla mientras se metía en la boca tranquilamente los alimentos que su madre le daba. Justo detrás de la madre había un chico y una chica que transmitían una gran sensación de tranquilidad. La chica tenía la cabeza apoyada en el hombro de su compañero el cual, de vez en cuando, levantaba una mano y acariciaba el cabello de su compañera. La escena le pareció tan íntima, tan de ellos dos, que una tercera mirada extraña le pareció multitud así que rápidamente retiró la mirada de esta pareja.

A nadie a su alrededor  parecía importarle estar allí, ¿sería posible que a nadie le importase de dónde venían ni hacia dónde se dirigían? Acabó preguntando al hombre que tenía delante. Estaba leyendo un periódico de información económica y financiera mientras hacía comentarios entre críticos y despectivos a su compañero. Ambos iban elegantemente vestidos con traje. En cuanto le formuló su pregunta el hombre, éste la miró de pies a cabeza y respondió con brusquedad ¡y eso a mí que me importa! Lo realmente importante es esto, ¡no tengo tiempo para pensar en estupideces! Todo esto lo decía mientras daba con una mano un golpe al periódico. En ese momento se ruborizó, se sentía estúpida, tal cual había dicho aquel hombre.

Cada vez se sentía más nerviosa así que miró hacia atrás. En cuanto miró vio a un hombre de unos treinta y pico años que la sonreía amablemente. Aquella sonrisa le hizo serenarse y le hizo las mismas preguntas que había estado haciendo desde que despertó. El hombre hizo un gesto para que se acercara más y al oído la dijo unas palabras. Si, había resuelto sus dudas, aunque al principio le sorprendió mucho lo que dijo, le parecía imposible. Después de la primera impresión volvió a mirar a su alrededor, tras esto se echó a reír de pura alegría. Confiaba en el conductor del autocar…

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