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Cuando el abismo se abre frente a tí

In En la Iglesia, Listado de entradas on enero 11, 2011 at 01:00

Algunos días he intentado narrar en las entradas del blog lo mejor que he sabido algunas muestras que me han llamado la atención de la vida en la parroquia donde tengo el privilegio de estar. Vivir en cristiano hoy en día supongo (dentro de mi ignorancia) que es más complicado que antes, cuando europa entera se autodenominaba cristiana. Y es que los testimonios de Fé que se dan muchas veces traen consecuencias en el trabajo, entre los amigos o incluso en tu propia familia. Sin embargo, creo que en estas dificultades se puede ver más claramente la acción del Espíritu Santo. Es más palpable que Cristo está con nosotros cumpliendo Su promesa de estar entre nosotros hasta el fin del mundo. Y es que parece que cuanto más complicado es vivir en cristiano parece que más nos une el Señor los unos a los otros en la parroquia.

Quizás la gente que está en la Iglesia en la parroquia seamos relativamente pocos en comparación con la gente que vive en el barrio. ¡Qué alegría, de entre tan pocos yo soy uno de ellos! Es mejor que si me hubiese tocado el gordo.

Hace un tiempo que el marido de una mujer de la parroquia se marchó de casa sin avisar. Por lo visto el hombre conoció a una chica joven y decidió dejar a su mujer y a sus hijos. La mujer y sus hijos buscaron refugio en la Iglesia. Me conmueve la ternura con la que la Iglesia trata a sus hijos. No con blandenguerías absurdas, pero sí dando apoyo real, acompañando y escuchando a la gente que se encuentra sola como esta mujer. Las mujeres de la parroquia la llaman, van a su casa, la van a buscar para dar un paseo. Incluso con apoyo económico, pues esta señora no tiene trabajo.

A pesar del estado en que ha quedado esta mujer jamás la he oído despotricar contra su marido, ni siquiera juzgarle. A pesar de todas las tentaciones que me imagino que ha podido tener y de aquellas que no me pueda ni imaginar ha decidido seguir con su marido incluso aunque él ha pedido el divorcio. Cuando el divorcio es unilateral, por lo visto, hay que ir a juicio y a pesar de los costes que le supone la mujer tranquilamente ha decidido no participar en la rotura de lo que ha unido Dios. Y el dinero… Dios proveerá.

Señor, en estos días de juicio para separar lo que Tú uniste,

vé delante de esta mujer, sosténla Señor.

Muestra misericordia con nosotros y defiende la causa justa.

¡Protége el matrimonio, Señor, que es tuyo más que nuestro!

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