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Cristiana, ¡valiente!

In En la Iglesia, Listado de entradas on enero 3, 2011 at 01:00

Hace tiempo me encontré con una muestra de valentía de esas que parece que sólo pueden salir del corazón gracias al Espíritu Santo. Un poco antes de casarme me pidieron ayuda para arreglar un poco la iglesia para celebrar una boda. Conocía un poco a los que se casaban, sobre todo a la novia. De vez en cuando hablo con ella, es bastante maja aunque tiene un carácter que a veces no me gusta. Lo bueno y lo malo es que te dice las cosas tal cual se le ocurren. Lo bueno es que es una persona muy sincera y no es políticamente correcta (cada vez detesto más la corrección política). Lo malo es que dice las cosas con poco tacto y a veces resulta ofensivo. Lo curioso es que cuando me enfado y le respondo lo acepta sin enfadarse y no le cuesta pedir perdón.

Es una persona que llegó a la Iglesia en condiciones lamentables. Es el “daño colateral” de una familia desestructurada. De vez en cuando comenta las broncas de sus padres divorciados y sus sentimientos de rabia y frustración. Al comienzo de la carrera comenzó a salir de fiesta compulsivamente, cayó en el mundo de las drogas y sus amigos lo único que hacían era empeorar su situación riéndole las gracias. Un familiar suyo, otro “daño colateral” se suicidó y al mes siguiente ella quiso seguir sus pasos, no tuvo el valor suficiente. Si, en estas condiciones y bajo la apariencia muy “normal” de estudiante fiestera de medicina se la anunció el kerigma. Y se dió el milagro, porque a mí me parece un milagro que alguien que ha sufrido de esa forma tenga fe en que el Señor la quiere con locura.

Cuando decidió entrar en la Iglesia tuvo que aguantar el ataque sobre todo de su madre que no lo admitía y, por supuesto, decía cosas no muy agradables de la Iglesia que dejo a la escabrosa imaginación de cada uno. Gracias a Dios dejó las drogas, y con el tiempo se echó un novio en la parroquia. Cuando acabó la carrera se quiso casar, por la Iglesia claro, en contra de la opinión de su madre.

Y allí me encontré yo, ayudando a preparar esta boda con otros hermanos de la parroquia. Cuando llegó el día de la boda asistí a la eucaristía. Fue una celebración estupenda y así aproveché a tomar nota para mi propia boda. Cuando terminó la eucaristía esta chica le pidió el micrófono al cura dejándonos a todos con la boca abierta. Tranquilamente, comenzó a dar gracias a Dios por haberla llamado a entrar en la Iglesia y allí, con su madre presente aseguró que la Iglesia había sido su familia y también su madre, la Santa Madre Iglesia. Fue un discurso breve pero contundente simplemente para “hablar bien” de la Iglesia, del cura y de Dios. A pesar de la cara de pocos amigos de su madre todos dimos un aplauso a la novia valiente.

Viene el Señor vestido de Majestad,

vestido y ceñido de Poder.

A Él, la Gloria y el Poder,

por los siglos de los siglos

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