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Balance de la nochebuena

In En la Iglesia, Listado de entradas on enero 1, 2011 at 23:30

En esta entrada me toca ser el “malo” de la película, ¡qué le voy a hacer!

Esta Nochebuena nació el Niño Dios. ¿Cómo le recibí esa noche? Pues bien y en familia, claro.  Cenamos con la familia. Durante la cena todo fue estupendo, el tema de la controversia venía después de la cena.

Llevo semanas (y no exagero) diciendo a mi mujer que este año quería ir a la misa del gallo. ¿Por qué? Pues por que en nuestra familia en la Nochebuena no nace el Niño Dios, sino que, por lo visto, a las doce de la noche viene el obeso nórdico vestido de rojo, un tal Papa Noel. Yo nunca he festejado la llegada de este hombre pero mi mujer lo ha hecho desde pequeñita y claro es un poco violento romper una “tradición familiar” ante la servera mirada de los familiares.

Aparte de nosotros, en el resto de la familia no hay niños. Y es que a todo el mundo parece que le gustan los niños de los demás pero no tener los suyos. El caso es que tienen la esperanza (vana esperanza, digo yo) de que nosotros y la niña sigamos la pagana tradición del gordo rojo. Claro, cuando nos levantamos a las 23:50 para ir a la iglesia había una cierta tensión en el ambiente. Para que quede la cosa clara, yo no tengo nada en contra de que alguien celebre y festeje lo que quiera, lo que me fastidia es que me intenten imponer cosas contrarias a la Fe y no creo que eso sea ser un fanático. Lo que “yo” digo:

Shemá Israel, Adonai Eloeinu, Adonai Ejad

Estas palabras que yo te mando estarán en tu corazón.
Las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas sentado
en casa o andando por el camino, cuando te acuestes y
cuando te levantes.”

Durante la eucaristía, cuando empezaron a leer la primera lectura me acordé de la parábola del sembrador. Algunas semillas calleron en el camino, otras entre las piedras, otras entre los abrojos y ninguna de éstas creció. Otras cayeron en la buena tierra y dieron fruto. A veces me da miedo que mi mujer y yo no seamos buena tierra porque miro a mi alrededor y sólo veo desierto. En el evangelio logré salir de mi atontamiento y concentrarme en la eucaristía, esto me hizo sentir mejor.

Cuando volvía a casa con mi mujer íbamos callados los dos, en un punto del camino apoyó la cabeza en mi brazo y me dijo: “muchas gracias por hacer lo que debes”. No veas que ilusión me hizo, después de todo parece que el Niño Dios nació también esa Nochebuena. (Qué queréis, a pesar de ser el “malo maloso” también tengo mi corazoncito)

A veces me parece que el Señor pone plantitas en medio del desierto, parece que no va a llover, pero cuando menos te lo esperas cae un rocío que es la mejor agua de todas. Espera en el Señor, que volverás a alabarlo

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  1. A nosotros nos pasaba lo mismo, sólo que en versión incrédula o sea que ni papá nöel siquiera. Nos íbamos a Misa de Nochebuena dejando a los demás; más tarde dejamos de ir a la Misa porque nos dolía dejar a los mayores; ahora la celebramos solos nosotros con nuestra Misa y todo y ¿sabes? aquella gente incrédula o alejada está volviendo poquito a poco a la Iglesia. No está mal ¿verdad?, por lo menos es un final feliz.
    Saludos

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