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Testimonios Cristianos

In Cristianos en la historia, Listado de entradas on diciembre 15, 2010 at 01:00

Perpetua era una madre joven, de 22 años, que tenía un niño de pocos meses. Pertenecía a una familia rica. Felicidad era una esclava de Perpetua. Era también muy joven y en la prisión dio a luz una niña.

Los antiguos documentos que narran el martirio de estas dos santas, eran inmensamente estimados en la antigüedad, y San Agustín dice que se leían en las iglesias.

El año 202 el emperador Severo, haciendo honor a su nombre, mandó que los que siguieran siendo cristianos y no quisieran adorar a los dioses romanos tenían que morir. Si que era majo el tal Severo.

Perpetua estaba celebrando una reunión religiosa en su casa cuando llegó la policía y la llevó prisionera, junto con su esclava Felicidad y algunos esclavos.

El juez interrogó a Perpetua y le rogó que abandonara el cristianismo y que se pasara a la religión pagana para salvar su vida. Pero Perpetua proclamó que estaba resuelta a ser fiel hasta la muerte. Entonces llegó su padre (el único de la familia que no era cristiano) y de rodillas le rogó y le suplicó que no persistiera en llamarse cristiana. Que aceptara la religión del emperador. Que lo hiciera por amor a su padre y a su hijo. Ella se conmovió pero terminó diciéndole: “¿Padre, cómo se llama esa vasija que hay ahí en frente? Una bandeja”, respondió él. Pues bien: “A esa vasija hay que llamarla bandeja, y no pocillo ni cuchara, porque es una bandeja. Y yo que soy cristiana, no me puedo llamar pagana, ni de ninguna otra religión, porque soy cristiana y lo quiero ser para siempre”.

El juez decretó que serían llevados al circo y allí delante de la muchedumbre serían destrozados por las fieras, y que las dos mujeres serían atadas ante una vaca furiosa para que las destrozara.

A los condenados a muerte se les permitía hacer una cena de despedida, así que Perpetua y sus compañeros aprovecharon su cena final para celebrar la Eucaristía.

A Perpetua y Felicidad las envolvieron dentro de una malla y las colocaron en la mitad de la plaza, y soltaron una vaca que las corneó y las volteó sin misericordia. Perpetua únicamente se preocupaba de arreglarse el pelo y los vestidos para parecer lo más digna posible. Al final el animal respetó sus vidas. La gente emocionada al ver la valentía de estas dos jóvenes madres, pidió que las sacaran por la puerta por donde llevaban a los gladiadores victoriosos. Perpetua, con ironía pregunto: ¿Dónde está esa vaca que se supone que nos iba a cornear?

Pero luego el pueblo pidió que las volvieran a traer y que les cortaran la cabeza allí delante de todos. A Felicidad le cortaron la cabeza de un machetazo, pero el verdugo que tenía que matar a Perpetua estaba muy nervioso y equivocó el golpe. Ella dio un grito de dolor, pero extendió bien su cabeza sobre el cepo y le indicó al verdugo con la mano, el sitio preciso de su cuello donde debía darle el machetazo.


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